viernes, 15 de febrero de 2008

Changchadas

TERCIO SUPERIOR

Por Manuel Guerra


Sin duda el Sr. Chang se ubica en el "tercio superior" de los más ineptos, corruptos y mediocres de los personajes que se han hecho cargo del Ministerio de Educación. Cual fiera depredadora, se mueve a sus anchas en esta selva del capitalismo salvaje, donde prevalece el individualismo y sobran los principios y la ética. Durante años dirigió la Universidad San Martín de Porres, caracterizada (al igual que se hermana gemela, la Universidad Gracilaso de la Vega, dirigida también por apristas) no precisamente por la calidad de la enseñanza impartida, y sí por la corruptela y el asiduo uso de la carriporra por parte de los apristas para mantener a raya a sus oponentes. Con el segundo gobierno de García el Sr. Chang fue premiado y pasó a las ligas mayores, le fue entregado el Ministerio de Educación, considerado por él como una especie de cachina donde puede dedicarse sin freno a sus sucios negocios.

Pero no solo eso. La materia de alcantarilla con que está hecho el Sr. Chang lo califica perfectamente para ponerse al frente de la cruzada antimagisterial y antisutepista, necesaria para implementar la política neoliberal en el terreno educativo. Con el apoyo mediático derechista pretendió convencer que los maestros eran los grandes responsables de la baja calidad educativa e hizo todo un show con el cuento de la evaluación, que como luego se demostró fue todo un fiasco. En esa misma línea promovió la Ley de Carrera Pública Magisterial, aprobada al caballazo, sin el debate correspondiente y sin considerar la opinión del magisterio.

Hoy al Sr. Chang se le ha ocurrido promulgar el D.S. 004, según el cual solo pueden concursar a la carrera docente los egresados que hayan alcanzado "el tercio superior" académico. Y si se le pregunta al Ministro qué pasará con los egresados que han estudiado durante cuatro o cinco años y han obtenido su título profesional a nombre de la nación y no han alcanzado el tercio superior, muy suelto de huesos responde sabiamente: si hubieran estudiado estarían en el tercio superior. Diríamos que esto es una burrada mayor si no fuera porque ofenderíamos a esos nobles y útiles animales, a los que Juan Ramón Jiménez elogió en el nombre de Platero.

Con el citado decreto no solo se encubre la responsabilidad del gobierno en la crisis que afecta al sector educación; se atenta contra uno de los derechos más elementales de la persona, el derecho al trabajo, truncando las posibilidades de desarrollo de decenas de miles de jóvenes profesionales, que pasarán a engrosar a los 200,00 maestros que se actualmente se encuentran desocupados.

Esta metida de pata del Sr. Chang ha encontrado una resistencia generalizada, no solo entre los docentes y estudiantes; gran parte de los gobiernos regionales la han declarado inaplicable, a pesar de las amenazas, presiones y chantajes de los que son objeto. La derogatoria del decreto de marras, la defensa del derecho al trabajo, contra la discriminación y el clientelaje, por una educación universal, gratuita y de calidad, son banderas que debemos levantar para poner coto a la ofensiva antieducativa que está en marcha.

Ciertamente que la calidad profesional de los maestros no es la mejor. Pero ello obedece a las fallas del sistema educativo. En los últimos años ha proliferado la creación de institutos pedagógicos, los que sumados a los programas de educación de las universidades, arrojan una suma impresionante de docentes que no pueden ser absorbidos por el actual sistema educativo. En estas instituciones la preparación de los futuros docentes, con las excepciones del caso, es realmente deplorable, sin que el Ministerio haga nada por mejorarla. En una solución simplista, en lugar de atacar las fallas del sistema, nuevamente se coloca la responsabilidad en el docente.

Los docentes realmente necesitan ser capacitados y evaluados, pero no a la manera como lo entiende el Sr. Chang, en la que la evaluación, nada transparente, se convierte en clientelaje para favorecer a la mediocridad, y la capacitación una más de sus muchas estafas porque en el fondo no se capacita nada.

La calidad educativa, y dentro de ella la calidad de los docentes, es un problema que debe ser abordado como parte del encaramiento integral del problema educativo. Esto requiere una nueva visión que coloque a la educación como el eje del desarrollo nacional, asumiendo un proyecto educativo articulado a las necesidades del país; donde la educación pasa a ser un derecho humano fundamental de la persona que el Estado está en obligación de preservar y no como una mercancía disfrazada de servicio como hoy sucede. En esta visión de una educación vinculada a la producción y al mundo del trabajo, la investigación científica y el desarrollo tecnológico para resolver las necesidades del desarrollo nacional, tienen prioridad. Del mismo modo se hace necesario ampliar la cobertura educativa, restituir la jornada escolar completa, mejorar la infraestructura, adecuar la educación a las necesidades de un país pluricultural y multilingüe como el nuestro, realizar una reforma curricular para adecuar los contenidos a las necesidades del país y promover valores distintos a los que ha impuesto el capitalismo salvaje, capacitar y preparar a los docentes para que asuman con solvencia su responsabilidad con sus alumnos y comunidad en general.

Si se vería de esta manera la Educación, entonces se le destinaría el presupuesto necesario y no la miseria como hoy sucede, y también se pondría una persona capaz al frente del Ministerio, y no a un mediocre, como hoy también sucede. Pero esto es como pedir peras al olmo en tanto se mantenga el modelo neoliberal.