domingo, 2 de agosto de 2009

UN MENSAJE CON MÁS DE LO MISMO

PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ – PATRIA ROJA
PRONUNCIAMIENTO

Al ingresar en su cuarto año de gobierno, voceros del oficialismo anunciaron por Fiestas Patrias un mensaje presidencial marcado por el optimismo y la confianza en el futuro de la nación. Más fue el ruido que las nueces.

“Necesitamos – expresó el presidente García, recurriendo al tono “populista” que dice repugnar– la refundación del Estado con las reformas de la descentralización, la educación, la salud, la administración de justicia y la reducción de la pobreza”, además de “la seguridad que es un clamor popular”. Palabras que la realidad desmiente y el cinismo tolera.

No es que de pronto dejara de lado el discurso neoliberal de sus tres primeros años de gobierno para presentarse ahora como adalid de los cambios que el país demanda, en esta segunda fase. No. Necesitaba esta vez del discurso demagógico para encubrir su verdadero rostro y hacer más potable su compromiso neoliberal, entreguista y autoritario, recuperar el protagonismo perdido y pasar a la ofensiva.El Mensaje no contiene nada nuevo de verdadero significado, excepto su compromiso maniqueo de “defender el orden democrático” supuestamente amenazado por el extremismo “estatista y autoritario” y por la intervención extranjera. Ha encontrado el pretexto que necesitaba para justificar la represión, sancionar la “toma de carreteras”, perseguir “complotadores” contra su gobierno, siguiendo al pie de la letra el ejemplo de Leguía.

El objetivo de su gobierno está claro, también la estrategia y los pasos tácticos que seguirá. Lo demás es secundario. Colocado a la derecha de la derecha, el gobierno aprista está condenado a marchar de la mano con el fujimorismo, su aliado leal, indicativo del grado de descomposición a que ha llegado el aprismo.

Mucho ruido se armará con su llamada “descentralización popular”, el nuevo juguete construido para distraer a la población. Si ayer anunció que la economía peruana se encontraba blindada ante la crisis mundial del capitalismo, ahora que el crecimiento se derrumba del 10 por ciento a menos del uno por ciento, saca de la manga el argumento de que el Estado tiene mucho dinero y lo que hace falta es gastar. Entonces los “núcleos ejecutores” se convierten en la estrella mágica que salvará al país de la crisis y al pueblo peruano de la pobreza.

La ausencia de proyecto y planes, su entreguismo desbordado, la ineficacia en la gestión, el descrédito acumulado, la corrupción, han encontrado la cortina de humo que necesitaba: “darle participación al pueblo en la ejecución de las obras”. Desde luego menores, improvisadas, anárquicas, sin plan ni concierto.

La proximidad de las elecciones regionales, municipales, y de las generales de 2011, obliga a un reordenamiento de las fuerzas políticas. Abrumada por el colapso del neoliberalismo y el desborde popular, y ante la amenaza de una victoria electoral de las fuerzas que propician el cambio de rumbo, la derecha con García a la cabeza, sin la menor autocrítica y mucho cinismo habla ahora de “inclusión social” y “redistribución de la riqueza”, mientras en la otra mano blande amenazador el garrote de “orden” y lucha contra el “terrorismo” que anidaría en las luchas populares.

Cambio o continuismo sigue siendo la línea divisoria en el Perú de hoy.

Frente a esta realidad maciza fabrican un supuesto antagonismo entre el pueblo y su voluntad de cambio, por un lado, con la democracia que la derecha se irroga representar. Fue ella sin embargo la que recurrió siempre a dictaduras siniestras a lo largo de la vida republicana, la que degradó la aspiración democrática del pueblo peruano y entregó el país la voracidad del capital extranjero, la que excluyó a las mayorías para beneficiar minorías privilegiadas, la que hizo de la corrupción su bandera de sobrevivencia. Hoy su historia es la misma: convive con el fujimorismo y se hunden en el mismo lodazal de la ignominia.

El Mensaje de Fiestas Patrias lleva la misma marca del que entregó con oportunidad de su acceso al gobierno de la nación: la demagogia y la promesa que nunca se cumple, excepto para los poderosos.

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