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domingo, 16 de agosto de 2009

Picasso Comunista

LA TATE DE LIVERPOOL PREPARA UNA MUESTRA INTEGRAL PARA 2010

En 1944, la adhesión del artista al Partido Comunista francés levantó olas que llevaron incluso a desmerecer sus obras de ese período. La exhibición Picasso: Peace and Freedom busca, según su director, “que el público se haga su propia opinión”.

Retrato de Stalin hecho por Picasso

Por Jonathan Brown

El 4 de octubre de 1944, menos de seis semanas después de la liberación de París –donde se había exiliado– Pablo Picasso sorprendió al mundo con su anuncio de que se unía al Partido Comunista francés. Su alistamiento en la causa era un golpe increíble para Moscú, una movida que dividió a los expertos en arte y política para siempre. Algunos cínicos dudaron de sus convicciones y alegaron que era sólo un mero exponente de las visiones de moda expuestas en los círculos intelectuales de izquierda en los que él se movía. Otros supusieron que su arte nunca recobraría su vieja gloria, mientras el hombre se encontraba enredado en la cada vez más amarga batalla de propaganda de la Guerra Fría.

Ahora, el público tendrá la oportunidad de hacerse su propia opinión sobre el prolongado Período Rojo de Picasso como miembro del Partido Comunista, una relación que sobrevivió al levantamiento húngaro y la Primavera de Praga, y que el artista mantuvo con fidelidad hasta su muerte en 1973. Una gran exhibición que incluye más de 150 trabajos del pintor español abrirá el año próximo en la Tate de Liverpool, en un intento de arrojar nueva luz en un capítulo controvertido de una carrera extraordinariamente productiva. Entre las estrellas de la muestra estará su monumental The Charnel House, que no ha sido vista en Inglaterra en más de medio siglo, inspirada en las imágenes de campos de concentración liberados. La exhibición, montada en colaboración con el museo Albertina de Viena, presentará La violación de las sabinas, recreación del célebre Rapto de las Sabinas creada en el pico de la crisis de los misiles cubanos en 1962. En la muestra también habrá ejemplos y bocetos de la paloma de la paz que se convertiría en el instantáneamente reconocible símbolo del movimiento mundial por la paz.

Picasso: Peace and Freedom (Picasso: Paz y Libertad), que sucede a la exitosa exhibición de 2008 sobre Gustav Klimt, es el resultado de años de planeamiento y una exhaustiva investigación que llevó a los expertos al Picasso Institute en París, donde se conserva buena parte de la correspondencia del artista. Christoph Grunenberg, director de la Tate Liverpool, tiene la esperanza de que a partir de esta muestra el público pueda tener una apreciación más sutil del artista en los años posteriores a 1945. “Es mirar a Picasso durante la Guerra Fría, alejarse de su mito como genio creativo y playboy con un compulsivo talento expresivo, para tener una visión con más matices”, señala el director. “La gente ha tratado de desmerecer su compromiso político, pero él fue miembro activo y completo del partido, y estaba claramente involucrado en el movimiento pacifista”, agrega.

Una de las cosas que resultaba curiosa de la asociación entre Picasso y los comunistas era que el partido adoptaba oficialmente la escuela de realismo social, en oposición oficial al movimiento moderno del cual el “decadente” Picasso era quizá el mayor exponente. Pero su largo exilio de la España natal por su oposición al régimen del general Franco, combinado con las brutales experiencias de la vida durante la ocupación nazi de París, llevaron a que viera al comunismo como un ideal de paz y la llave para un mundo libre de fascismo. En el momento, su decisión desató toda una serie de consecuencias. Hubo protestas de grupos de derecha en sus exhibiciones y se le prohibió la entrada a Estados Unidos. Pero el artista comenzó a viajar por todo el mundo, presentándose en conferencias públicas por primera vez y realizando donaciones a causas varias, incluyendo el regalo de un millón de francos a los mineros de carbón franceses en huelga. Se unió a protestas contra la Guerra de Corea y la ejecución de Nikos Beloyannis, comunista griego y líder de la resistencia.


Picasso recibió el Premio Stalin de la Paz y el Premio Mundial de la Paz, que compartió con el cantante estadounidense Paul Robeson y el poeta chileno Pablo Neruda, aunque luego declinó recibir la Legión de Honor francesa. En 1953, tras la muerte de Stalin, el estilizado retrato que Picasso hizo del joven dictador abrió una grieta con los comunistas franceses, que objetaron su falta de realismo. Los acontecimientos en Hungría enfriaron aún más la relación, pero Picasso, a pesar de sus crecientes reservas, no abandonó el partido y prefirió expresarse a través de la prodigiosa producción que caracterizó las últimas décadas de su vida. Por supuesto, no todos compraron la idea del artista como figura central de la izquierda. Salvador Dalí hizo un comentario famoso: “Picasso es pintor, yo también; Picasso es español, yo también; Picasso es comunista, yo tampoco”. Grunenberg cree que es una visión injusta, y que la caída del Muro de Berlín provocó un cambio sísmico en la apreciación de sus últimos trabajos. “Eso ya no tiene vigencia. Hay muchas piezas fantásticas que serán parte de la exhibición: Picasso siguió reinventándose a sí mismo y comenzando nuevos temas. Son trabajos maravillosos”, dice.

viernes, 1 de mayo de 2009

Fotos del Dia del Proletariado en el Mundo



RUSIA:







FRANCIA:






INDONESIA:







ALEMANIA:



¡VIVA EL DIA DEL TRABAJO!
¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO Y LA REVOLUCIÓN MUNDIAL!
Círculo Antonio Gramsci
Juventud Comunista del Perú - Patria Roja

sábado, 15 de noviembre de 2008

Entrevista a Jean-Luc Mélenchon, senador que abandona el partido socialista francés para fundar el Partido de la Izquierda

"En la reunión del G-20 tendría mayor confianza en Chávez o Lula que en Zapatero"
El senador francés Jean-Luc Mélenchon, uno de los artífices de la victoria del No social a la Constitución Europea en 2005, acaba de dar el portazo al Partido Socialista (PS) para fundar el Partido de Izquierda (PdG, en sus siglas en francés), acompañado por el diputado Marc Dolez. El objetivo de Mélenchon es servir de puente y aglutinante en el inmenso mundo de las fuerzas francesas situadas a la izquierda del PS. Un mundo que, desde principios de los años noventa y el referéndum francés sobre el Tratado de Maastricht, reúne entre un 15% y un 20% de votos en las elecciones.

Cuando el PS empieza a sumirse en tratos oscuros y peleas entre corrientes de cara al congreso de Reimsy la elección de primer secretario, Mélenchon espera que la propuesta de un mensaje claro situado a la izquierda pegue en el electorado y provoque el surgimiento de un Die Linke (La Izquierda, el partido alemán de Oskar Lafontaine) a la francesa.

Usted acaba de abandonar el PS para fundar el nuevo Partido de Izquierda ¿Por qué?

Yo digo a mis camaradas que el PS ya no es el partido al que se afiliaron hace quince, veinte, o treinta años. Hay que calibrar bien lo que significa la victoria de Ségolène Royal, con casi un 30% del voto de los militantes, y casi un 80% de votos en global para las mociones de tendencia social-liberal. Se puede felicitar a Ségolène Royal como mujer política perseverante. Pero la consecuencia de su victoria es, claramente, un partido que evoluciona hacia el centro, se instala en el social-liberalismo y acepta la construcción europea en sus orientaciones actuales. Un partido que ha renunciado a oponerse frontalmente a la derecha y que, a menudo, se abstiene con algunas precauciones formales frente al ataque generalizado a los derechos sociales. Nosotros asumimos nuestras responsabilidades. Hemos decidido correr el riesgo de crear el Partido de Izquierda, siguiendo los pasos de Oskar Lafontaine en Alemania. Queremos volver a colocar el socialismo republicano en el corazón de la izquierda.

¿No tiene miedo de terminar como el precedente escindido, Jean-Pierre Chevènement, que se quedó aislado y acabó buscando un apaño con el PS?

Nosotros vamos a crear un partido, el Partido de Izquierda y no un seguro de vida. Crear el Partido de Izquierda significa ser actor de la escena política e influir en el rumbo de la sociedad a escala europea. Vamos a pelear para crear un Frente de las Izquierdas, con el Partido Comunista (PCF), los republicanos, los socialistas que decidan sumarse a nuestro trabajo y los ecologistas de progreso. Ese Frente de las Izquierdas irá a las elecciones europeas. El sufragio universal dirá si estamos aislados o no, pero no éste u otro comentarista. En cuanto a Chevènement, déjeme que le diga que el Movimiento Republicano y Ciudadano, que él creó es una de las fuerzas con las que ya estamos conversando, al igual que con el PCF y el Nuevo Partido Anticapitalista de Olivier Besancenot.

Usted explica que el giro liberal del PS francés es una deriva general europea, incluida España.

Es un fenómeno mundial. Y la crisis del capitalismo es el colmo del ridículo de esta orientación que destruyó a la izquierda. Italia es el mejor ejemplo.

Usted piensa que no tiene sentido buscar la victoria electoral en el centro, sino yendo en busca del voto de las clases más modestas.

¡Pero eso ya era cierto antes! Fue la deriva socialdemócrata y liberal de los partidos socialistas europeos la que ha llevado a la actual situación. En la Unión Europea, o bien gobierna la derecha con su programa, o bien gobierna la derecha con su programa y el apoyo de un partido social-liberal es el caso de Alemania o bien la izquierda ocupa el espacio de la derecha, como en Reino Unido.

Un detractor de la opción Die Linke podría objetarle que esa fuerza lo único que ha hecho es obligar a los socialdemócratas a inclinarse a la derecha.

¡Ah! ¿Porque si no existiera Die Linke, el SPD se volvería revolucionario? ¡Qué visión absurda! Ahí toca recordar que hoy la izquierda es mayoritaria en Alemania porque surgió Die Linke. El SPD ha tomado una decisión deliberada de gobernar con la derecha.

Pero su escisión del PS... Frente al sarkozysmo agresivo ¿No sería mejor constituir una fuerza de amplia base electoral desde el centro hasta la extrema izquierda, como el PSOE español?

Esa oportunidad no existe concretamente en Francia. La realidad del PS francés es la línea Ségolène Royal y su alianza con el centro.

Dígame tres líneas directrices claras de un programa para un Frente de las Izquierdas europeas.

Respeto de la soberanía del pueblo en Europa, armonización de las normas sociales europeas alineándolas con las mejores que existen en cada país y no con las peores y planificación ecológica.

Ha hablado usted de las tensiones que van a agravarse. ¿En qué está usted pensando?

Por un lado, las tensiones entre clases. Con la crisis financiera, los Gobiernos van a hacer que sean los contribuyentes quienes paguen y las grandes empresas harán que los asalariados paguen. Pero creo que también corremos riesgos de tensiones entre las grandes naciones. Desgraciadamente, de una guerra a otra no hay más que un paso... O sea que el Partido de Izquierda, mejor que seguir servilmente a Estados Unidos a donde quiera hacer la guerra, va a asumir sus responsabilidades. Por eso el 29 de noviembre en la región de París, en nuestro mitin de lanzamiento del Partido de Izquierda estará presente Oskar Lafontaine. Nos damos la mano, alemanes y franceses, porque somos internacionalistas, pacíficos, europeosy solidarios.

¿Cree usted poder movilizar el voto popular francés?

En cualquier caso es indispensable intentarlo si queremos que algún día llegue a aplicarse un proyecto de izquierda. Y, para eso, es necesario un programa claro dirigido a las clases populares.

¿Para cuándo el momento en que su Frente de las Izquierdas superará a un PS embarrancado en sus alianzas centristas? ¿Para las europeas de 2009?

Sí, ese es nuestro objetivo, alcanzarlo en las europeas de 2009.

Rodríguez Zapatero, con silla francesa, será el único dirigente de izquierdas presente en elG-20 al frente de una nación del primer mundo. ¿Cuál debería ser su posición para que un partido como el suyo pudiera apoyarlo?

Yo tendría mayor confianza si fuera Chávez o Lula quien hablara en nuestro nombre, en nombre de la izquierda.

¿Francia puede resistir sola la ofensiva neoliberal?

Los bolivianos y los ecuatorianos resisten bien y eso que son países pobres y su gente tiene pocos medios. Francia, la quinta potencia mundial, puede hacerlo al menos igual de bien, para cambiar el orden de las cosas y poner la política al servicio de la mayor parte de la gente.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Francia: Comunicado de Jean-Luc Mélenchon y Marc Dolez


PSF: desgarro por la izquierda
El senador Jean-Luc Mélenchon y el diputado Marc Dolez, históricos del socialismo francés, anunciaron su ruptura con el PS y la fundación de una nueva fuerza "claramente de izquierda" y "tras los pasos" de Die Linke en Alemania, el partido de Oskar Lafontaine. La decisión la tomaron tras la votación de los militantes socialistas franceses de cara al Congreso que tendrá lugar dentro de unos días. En ella la victoria fue de Ségolène Royal y su propuesta de alianza con el centro. Traducido por Juan Vivanco.

Ya conocemos el resultado de la votación en el partido socialista. Las tres mociones presentadas por la mayoría saliente del partido se sitúan en cabeza. Obtienen el 80% de los sufragios. Vence la moción de Ségolène Royal, con su propuesta de alianza en el centro. Han vencido las orientaciones que predominan en la socialdemocracia europea, cuando son las que llevan al fracaso en todas partes. Avalan la Europa del Tratado de Lisboa, las alianzas cambiantes, la abstención frente a la derecha, y no cuestionan el capitalismo. Este resultado es inequívoco. Lamentablemente, el porcentaje respetable que ha obtenido la izquierda del partido no cambia nada.

Por nuestra parte, ¡ya está bien!

No vamos a renegar de lo que somos participando en complots y componendas tácticas. Porque, cualesquiera que sean las combinaciones que salgan del Congreso de Reims, la futura dirección del PS aplicará la orientación mayoritaria, en particular cuando se convoquen las próximas elecciones europeas. Entonces tendremos que aceptar lo que hemos rechazado desde el principio: el Tratado de Lisboa y el Manifiesto Común con los partidos socialdemócratas que gobiernan con la derecha en sus países. Decimos: ¡no! ¡Ya está bien!

Asumimos nuestra responsabilidad. En la crisis del capitalismo, nuestro país necesita otra voz a la izquierda. Queremos serle útiles. Queremos recuperar la iniciativa, plantear una alternativa, frenar y vencer a Sarkozy. Por lo tanto, y por fidelidad a nuestros compromisos, necesitamos independencia de acción. Nos marchamos del partido socialista. Vamos a exponer públicamente nuestra idea del combate republicano y socialista, sin concesiones a la derecha, al capitalismo y a su irresponsabilidad destructora de la sociedad humana y el ecosistema. Vamos a someterla al sufragio universal. Siguiendo el ejemplo de Oskar Lafontaine con Die Linke en Alemania, hemos decidido emprender con todos los que compartan estas orientaciones la construcción de un nuevo partido de izquierdas, y hacemos un llamamiento para la creación de un frente de fuerzas de izquierda para las elecciones europeas. Sabemos que en nuestro pueblo hay una enorme energía disponible para el cambio. Tenemos que ir adelante.

Jean-Luc Mélenchon, senador
Marc Dolez, diputado

Perfiles (Diario Público)

MARC DOLEZ

Diputado de la Asamblea Nacional desde 1988 y militante del Partido Socialista prácticamente desde su fundación, en su forma actual, en 1971. Es el representante de una corriente obrerista clásica y durante diez años fue secretario de la poderosa Federación Norte-Pas de Calais. Hizo campaña por el ‘no’ social a la fracasada Constitución Europea. Actualmente dirige Fuerza Militante, una corriente que podría salir en bloque del PS.

JEAN-LUC MELENCHON

Descendiente de españoles de Tánger, ha sido profesor, obrero de imprenta, periodista y teniente de alcalde. Arrancó en la política con las juventudes trotskistas montando huelgas históricas, entró en el Partido Socialista a finales de los años setenta y ahora es senador. Es el principal animador del movimiento Para la República Social. Excelente orador de fuerte personalidad, su nombre sonó como posible candidato a la presidencia en 2007 por una unión de izquierdas irrealizada.
Me adhiero

Nos adherimos al llamamiento para la construcción de un nuevo partido de izquierdas lanzado por Jean-Luc Mélenchon y Marc Dolez. En efecto, con la izquierda tal como es hoy no vamos a ninguna parte. La crisis del capitalismo nos estalla en la cara. Pero la izquierda no aparece como alternativa. Es incapaz de oponerse con eficacia a la derecha. ¡A veces, hasta renuncia a ello! En varios países europeos los partidos mayoritarios de izquierda gobiernan con la derecha. No queremos perder el tiempo y las energías esperando a que rectifiquen. Es ahora cuando hay que actuar para abrir un nuevo horizonte a la Humanidad. Nada menos. Por eso la construcción de este nuevo partido de izquierdas es una buena noticia. Pasar la página del capitalismo cuando nos lleva a la ruina, como ya hizo varias veces en el pasado, no es nada fácil. ¡Pero es urgente! Cambiar el reparto de las riquezas para que la mayoría viva por fin dignamente, parece una labor ardua. Pero ¿es que vamos a aceptar el enriquecimiento colosal de una ínfima minoría mientras se generaliza la miseria? Volver a fundar la república y a dar el poder a los ciudadanos en todos los ámbitos, se ha convertido en algo casi utópico. Pero si no, ¿cómo vamos a cambiar el mundo? Mantener viva una laicidad intransigente es un compromiso a menudo vilipendiado. Pero sin ella, ¿qué sociedad dejaríamos que nos impusieran? Por último, ¿construir una Europa democrática y social choca de frente con el Tratado de Lisboa? Pues bien, ¡la solidaridad de los pueblos vale mucho más que la competencia entre ellos!
Es preciso atreverse a querer todo esto, aquí y ahora, y hacer un programa de gobierno, un proyecto de unión mayoritaria de nuestro pueblo. Para ello hay que barrer los conformismos, los oportunismos, los sectarismos, la resignación. Die Linke ha demostrado en Alemania que este anhelo era posible. En Francia también lo es. Sabemos de qué magnífica y larga historia podemos ser herederos. Podemos reconstruir una izquierda digna de este nombre, sin complejos frente a la derecha y el capitalismo. Por eso respaldamos la creación del nuevo partido de izquierdas.

jueves, 19 de abril de 2007

Lectura de las elecciones en Francia


Ambiente electoral en Francia


Alejandro Teitelbaum
Argenpress


Las próximas elecciones presidenciales en Francia (primer turno el 22 de abril, segunda vuelta el 6 de mayo) además del interés que tienen en sí mismas pueden constituir un interesante estudio de caso acerca de los mecanismos que emplean las clases dominantes para preservar su poder y también sobre cómo los que se dicen representantes de las clases subalternas o dominadas se arreglan para que se pierdan las ocasiones de comenzar la construcción de un polo alternativo portador de un proyecto radical de transformación social.
I. Desde hace más de 20 años, y particularmente en los últimos diez, la situación económico-social de las clases populares en Francia no cesa de degradarse: caída del poder adquisitivo, erosión de la seguridad social, de los sistemas de educación y de salud, déficit habitacional cuantitativo y cualitativo creciente, altas tasas de desocupación, con picos en ciertas regiones y en los suburbios populares de las grandes ciudades y explosiones de violencia urbana y suburbana de los sectores juveniles marginados socialmente. Esta tendencia regresiva se ha mantenido invariable con los sucesivos gobiernos de derecha y del Partido Socialista, aunque se puede poner en el activo de este último ciertas medidas paliativas sociales de escasa envergadura y en su pasivo una aceleración de la privatización de las empresas públicas durante el gobierno PS de Lionel Jospin.

La jornada semanal de 35 horas, medida trascendente del Gobierno PS, se volvió como un boomerang contra los trabajadores pues fue aprovechada por los patrones para congelar y hasta disminuir los salarios (con el chantaje de la deslocalización de la empresa) , aumentar la intensidad y el ritmo del trabajo y, mediante la anualización del cálculo de la jornada laboral y la flexibilización de ésta, imponer semanas con horarios muchos más prolongados compensados con otros períodos de jornadas breves y así evitar el pago de horas extras.

La creciente presión y el consiguiente “stress” que sufren en las empresas los trabajadores de todas las categorías, se traduce en una serie negra de suicidios, como ha ocurrido recientemente en Renault y en una central nuclear.

Este panorama de regresión social se completa con una fuerte redistribución negativa de los ingresos caracterizada por la acumulación de fortunas siderales en pocas manos y remuneraciones astronómicas para los principales dirigentes de las grandes empresas.

Durante los últimos cinco años, con el gobierno de derecha de la UMP, se aceleró el proceso de empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares, el que además estuvo acompañado por un discurso y una práctica represivas, especialmente contra los sectores más marginados y contra la inmigración, en particular contra la inmigración clandestina.

El protagonista principal de esta política fue Nicolás Sarkozy, quien fue ministro del Interior y también, durante un lapso, ministro de finanzas del segundo quinquenio de Chirac, que ahora llega a su término.

La respuesta popular consistió en explosiones de violencia urbana y suburbana y en grandes movilizaciones populares contra determinadas medidas del Gobierno, como el contrato de primer empleo (CPE) una forma de precarizar aún más la situación laboral de los jóvenes.

Los partidos opositores se solidarizaron con esas movilizaciones pero durante todo este período fue visible que el Partido Socialista, principal partido de la oposición, se limitó a criticar las medidas gubernamentales y casi no hizo propuestas concretas alternativas y menos todavía una propuesta político-económica general alternativa a la política gubernamental.

II. Hace varios años que Sarkozy se fijó el objetivo de la Presidencia de la República y para alcanzarlo comenzó por imponerse a sus adversarios dentro del partido gobernante, incluido Chirac y tomó el control del aparato partidario. Ahora es el candidato sin oposición interna en el UMP actualmente gobernante, después de haber vencido las reservas y resistencias que encontró en las propias filas partidarias su política francamente represiva, a favor del gran capital y pronorteamericana y su ideología reaccionaria con tintes racistas. Si es elegido cabe esperar de él una verdadera “blitzkrieg” contra los derechos de los trabajadores, contra los inmigrantes y las clases populares general.

II. Hubiera cabido esperar una reacción de la oposición proporcional a tal amenaza, que puede muy bien concretarse con la victoria de Sarkozy en el segundo turno, que es la hipótesis más probable a esta altura del proceso electoral.

Sobre todo que el Partido Socialista, como principal partido opositor, convocara a toda la izquierda para establecer en conjunto acuerdos programáticos y de candidaturas

Eso no ocurrió y en cambio el PS elaboró un programa que no contiene respuestas apropiadas a los graves problemas que inquietan al pueblo francés, sino que refleja un “consenso” heterogéneo entre posiciones diferentes de los líderes de las distintas corrientes internas, algunas más o menos izquierdistas y otras centristas o social liberales.

Después el PS terminó de despejar el camino de Sarkozy a la Presidencia eligiendo a Ségoléne Royal como candidata.

Esta decisión, que algunos califican de catastrófica y otros de “enorme estupidez”, fue el resultado de varios factores concurrentes.

Uno de ellos es que actualmente es “tendencia” promover a mujeres a altas funciones del Estado: Merkel en Alemania, Bachelet en Chile, etc. El sistema dominante aprovecha hábilmente esa “moda” para conservar la adhesión de los ciudadanos, cansados de las elites dirigentes formada fundamentalmente por hombres. La oferta consiste, no en cambiar de política, sino en hacer un “enroque” entre mujeres y hombres en el elenco dirigente.

Todo lo cual no tiene nada que ver con la justa reivindicación de terminar con el papel secundario de las mujeres en política.

Esta táctica resultó eficaz en el PS, pues los militantes estaban hartos de que todo se resolviera mediante arreglos entre los principales líderes de las diferentes corrientes, todos hombres, los llamados “elefantes” del Partido.

Otro factor que desempeñó un papel muy importante a favor de la candidatura de Ségoléne Royal fueron las encuestas de opinión, que la daban ganadora frente a Sarkozy.

Los institutos de sondeo determinan en buena medida las decisiones políticas de los electores. Para ello presentan los resultados de las encuestas como si fueran el reflejo exacto del estado de la opinión, cuando en realidad esos resultados son solo aproximados y más o menos manipulados. Los institutos, aparentemente neutrales, lo son sólo en parte: uno de ellos, el IFOP, está dirigido por Laurence Parisot, quien posee el 75% de las acciones y es a su vez presidenta de la asociación patronal francesa, el MEDEF.

Esos institutos funcionan en sinergia con los grandes medios de comunicación, casi todos controlados por el gran capital industrial y financiero, para orientar y manipular a la opinión pública.

El tercer factor que condujo a la candidatura de Ségoléne Royal fue una especie de golpe de Estado interno en el PS que consistió en un reclutamiento masivo de afiliados (unos 60.000 nuevos miembros en pocos meses que se agregaron a los 140.000 viejos miembros) quienes pagaron una cuota de ingreso muy baja y ni siquiera necesitaron concurrir a un comité para afiliarse al PS pues pudieron hacerlo por internet.

En esas condiciones se produjo la votación interna en el PS con tres candidatos: S. Royal, como figura que reunía tres ventajas: ser mujer, no formar parte de los “elefantes” y presuntamente capaz de renovar los hábitos internos del Partido y de cerrarle el paso a Sarkozy; Strauss Kahn, de tendencia social liberal y Fabius, representando el ala izquierda, aunque muy marcado por su anterior actuación social liberal como ministro de finanzas y Primer Ministro.

Con una gran participación de los afiliados, S. Royal resultó elegida por algo más del 50 por ciento de los votos, mientras Strauss Kahn quedó en segundo término con algo más del 20% y Fabius tercero con alrededor del 20% de los votos.

Consagrada candidata, Ségoléne Royal comenzó a actuar independientemente del Partido y de su programa revelando una ideología francamente retrógrada, por ejemplo su propuesta de encuadrar militarmente a los jóvenes “revoltosos” de los suburbios, de rescatar el “valor trabajo” que se traduce en trabajar más para ganar algunos centavos más, etc. Su discurso electoral es superficial e incoherente sobre un fondo claramente conservador e intenta decir en cada ocasión lo que piensa que el auditorio quiere oír, poniendo el acento en lo social cuando se le informa que está perdiendo intención de votos por su izquierda. Además acumuló las “gaffes”, con lo que se ha ganado cierta reputación de incompetente. Cuando declaró que a Irán tampoco se le debe permitir desarrollar una industria nuclear civil, quedó la duda de si lo dijo por desconocimiento del Tratado Internacional de no Proliferación o por afán de ser más bushista que Bush en la materia. En todo caso, en política internacional su “atlantismo” es indiscutible. Arlette Laguiller sintetizó bastante bien la campaña electoral de Royal, cuando dijo que “trata más de parecerse a Sarkozy que de diferenciarse” y que forma parte también de los candidatos del campo patronal.

Con la candidatura de Ségoléne Royal culminó el giro neoliberal del PS, quedando descolocados en su seno una minoría de afiliados y algunos dirigentes.

La actuación de S. Royal como candidata, además de desesperar a no pocos dirigentes y afiliados del PS de todas las tendencias, se reflejó en las encuestas de opinión que han dado hasta ahora invariablemente ganador a Sarkozy en los dos turnos electorales y con una diferencia que oscila entre los cuatro y los ocho puntos (52 a 48 hasta 54 a 46) en la segunda vuelta. Para una política antipopular y de derecha, los electores prefieren el original a una mala copia.

III. La izquierda (el Partido Comunista, la Liga Comunista Revolucionaria, varios grupos menores, personas independientes, sindicalistas, algunos afiliados socialistas, entre ellos el dirigente y senador Melenchon ), alentada por el triunfo del No en el referéndum sobre la Constitución europea (55 % ciento por el No contra 45% por el Si, este último propiciado por el PS y la derecha tradicional gobernante) comenzó a encarar la posibilidad de elaborar conjuntamente un programa de transformación social y de presentar una candidatura común para la elección presidencial. La ambición de constituir un polo alternativo de transformación social tenía su base real en el hecho de que podía estimarse que del 55% del voto por el No a la Constitución europea, el 35% aproximadamente expresaba el rechazo desde posiciones de izquierda del neoliberalismo, más exactamente del capitalismo monopolista mundializado.

Con el objetivo de constituir el polo alternativo de izquierda se formaron en toda Francia entre 700 y 800 comités locales, que sumaron unas 15 a 20 mil personas.

Lucha Obrera , de Arlette Laguiller, se mantuvo al margen de ese proyecto colectivo.

El primer obstáculo para la constitución del polo de izquierda lo puso la LCR que proclamó la candidatura presidencial de su líder Olivier Besancenot, aunque éste manifestó su disposición a desistirse a favor de un candidato común. Pero además la LCR se negó a participar oficialmente en los Comités de izquierda, mientras el PC no se comprometiera formalmente a no realizar en el futuro acuerdo alguno de participación en un eventual gobierno del PS. No obstante, envió algunos “observadores” a las reuniones y varios militantes de la LCR participaron plenamente, en desacuerdo con la estrategia de su dirección.

El líder campesino y altermundialista José Bové, que participó en el comienzo de los trabajos, no tardó en retirarse argumentando que la mayoría de los Comités estaban manipulados por el PC y tampoco intervino en la elaboración del programa, que fue el fruto de un tranajo colectivo con bastante participación y de concesiones mutuas y que, en principio, conformó a todos.

El programa fue el fruto de un trabajo colectivo con bastante participación y algunas concesiones mutuas y que, en principio, conformó a todos.

Para la elección del candidato se estableció un procedimiento bastante complicado que se llamó de “doble consenso”, mediante el cual en los comités locales se votaron orden de preferencias por distintos precandidatos. Con los resultados de los comités se realizó una reunión nacional de delegados que constató que la más votada había sido Georges Buffet, la secretaria general del Partido Comunista, ocupando los lugares siguientes dos personas independientes, Yves Salesse y Clementine Autain. Los independientes y los grupos menores no aceptaron que Buffet fuera candidata, argumentando que su candidatura daría una tonalidad muy PC a la coalición izquierdista. Hubo algunas negociaciones para llegar a una transacción pero el PC mantuvo la candidatura de Buffet sosteniendo que había recibido el apoyo de la gran mayoría de los comités y finalmente se llegó a una impasse.

Algunos propusieron que para salir del impasse se convocara a una elección del candidato presidencial de izquierda abierta a todos los ciudadanos, como hizo en Italia el frente antiberlusconi, realizando primarias en las participaron más de 4 millones de votantes. Era una propuesta que, puesta en práctica, podía ayudar a integrar al polo alternativo a numerosos ciudadanos comunes con ideas de izquierda. Pero dicha propuesta no tuvo mayor eco.

Se pudo constatar entonces que el intento de presentar en las elecciones una candidatura común de izquierda había fracasado.

En esa situación hizo su reaparición José Bové que se proclamó candidato a la candidatura de la unidad de la izquierda apoyado por una campaña por vía electrónica que recogió, según sus organizadores, unas 30.000 adhesiones. Se celebró una nueva reunión de una minoría de unos 300 Comités para adoptar una decisión y bajo una fuerte presión de los partidarios de Bové que invocaban un supuesto entusiasmo popular por la candidatura del líder altermundialista (30.000 adhesiones por mail sobre más de 40 millones de votantes) , la mayoría de los presentes aprobaron la candidatura de Bové.

De modo que en las elecciones no hay un candidato de izquierda, sino cinco: Besancenot, de la Liga Comunista Revolucionaria, Buffet, del Partido Comunista, Arlette Laguiller, de Lucha Obrera , Bové y Schivardi, apoyado éste último por el Partido de los Trabajadores, un pequeño grupo trotskista. A Dominique Voynet, candidata de los ecologistas, con un poco de buena voluntad se la puede ubicar a la izquierda.

Faltando una semana del primer turno de las elecciones los cinco primeros totalizan, según las encuestas, entre 10,5 y 11.5 % de intenciones de voto y Voynet 1% (Besancenot entre 3,5% y 4%, Buffet entre 2,5 y 3%, Bové entre 1,5 y 2%, Laguiller entre 1,5 y 2% y Schivardi 0,5%).

El fracaso de la izquierda, además de presentar varias de las características de la impotencia de la izquierda tradicional en todo el mundo, tiene sus propias especificidades.

En primer lugar, si bien el PC, la LCR y otros grupos de izquierda desempeñaron un papel muy importante en el trabajo de esclarecimiento que llevó al triunfo del No en el referéndum constitucional, evaluaron de manera excesivamente optimista su verdadera influencia en el tercio del electorado que constituye el “pueblo de izquierda”. La realidad es que, según varios estudios, alrededor de dos tercios del pueblo francés no le tiene confianza a ningún partido político. Y del tercio del electorado de izquierda, la mayoría son independientes y solo una tercera parte, es decir entre el 10 y el 12 por ciento del total de electorado, tiene confianza en los partidos de izquierda.

El Partido Comunista francés está en vías de desaparición como fuerza política nacional. Sólo puede intentar sobrevivir como apéndice del PS, el que a cambio de su apoyo le concede algunas pocas circunscripciones de diputados en posición ganadora. El PC, que llegó a tener el apoyo del 27 % del electorado después de la Segunda Guerra Mundial, no llegó al 4 por ciento en las elecciones presidenciales de 2002 y alcanza el 6% en las elecciones de diputados al Parlamento Europeo, en las que se aplica el sistema proporcional. Conserva cierta fuerza en el ámbito municipal y las encuestas le atribuyen ahora Buffet en torno al 3% de los votos.

Pese a esa declinación, el PC tiene aún un fuerte aparato y entre 60 y 80 mil afiliados y en ese sentido conserva una gran ventaja frente a los demás grupos de izquierda. La Liga Comunista Revolucionaria, el partido de izquierda más numeroso después de PC, tiene sólo 3000 afiliados y una infraestructura mínima. El peso numérico y organizativo del PC gravitó en el funcionamiento de los Comités de izquierda que finalmente se pronunciaron mayoritariamente por la candidatura de Buffet, lo que provocó la crisis del intento de coalición y dio lugar a que algunos, como Bové, hablaran de manipulación por parte del PC. Lo cierto es que el PC no supo o no quiso tener la visión política de ayudar a crear un movimiento cualitativamente diferente, que trascendiera a una simple sumatoria de grupos y partidos y supiera integrar a los ciudadanos independientes con ideas de izquierda.

La LCR mostró también su falta de ductilidad política, al condicionar su participación a que el PC renunciara explícitamente a participar en un eventual futuro Gobierno del PS.

Este fracaso de la izquierda se produce sobre el fondo de una prolongada crisis y confusión teórica, ideológica y política en el pensamiento de izquierda, que por cierto no es exclusiva de Francia sino que tiene alcance mundial.

Como consecuencia de esa crisis del pensamiento de la izquierda, falta, en distintos grados, en los discursos de Buffet, Besancenot y Bové una propuesta estructurada y completa de las transformaciones económicas, políticas y sociales profundas que se revelan indispensables. Y también falta una propuesta para un giro total de la política internacional con el objetivo de que Francia establezca relaciones de solidaridad y de verdadera cooperación con todos los pueblos del mundo, en particular con aquéllos que luchan por su derecho a la autodeterminación y que no sólo se independice sino que oponga decididamente a la política agresiva y guerrerista encabezada por Estados Unidos.

Los “tres B” se muestran sensibles a las presiones ideológicas del sistema y a veces no se atreven a proponer las reformas drásticas que se imponen. Lo mismo ocurre en política internacional. Puede ser un ejemplo el hecho de que Besancenot critique a Chávez por sus relaciones amistosas con Irán, privilegiando las provocaciones verbales antiisraelitas del presidente Mahmud Ahmadineyad, aparentemente sin comprender el papel sobresaliente que desempeña Irán en el frente antiimperialista mundial y la necesidad de manifestarse solidario con dicho país ante las amenazas de una agresión estadounidense.

La única que parece insensible a las presiones ideológicas del sistema dominante es Arlette Laguiller que dice, por ejemplo, que hay que requisicionar a las empresas que se proponen deslocalizar para instalarse en países donde los salarios son muy bajos.

Las relaciones económicas y políticas internacionales, tema fundamental en las condiciones de la mundialización, ocupan muy poco espacio en la campaña electoral, tanto a la izquierda como a la derecha.

Por cierto que los partidos de izquierda tienen propuestas concretas sobre todo para los problemas económico sociales acuciantes pero casi no han tenido oportunidad de explicarlas y popularizarlas. Ello se debe a que hasta el 9 de abril los principales medios de comunicación estuvieron prácticamente monopolizados por los grandes candidatos, en particular Sarkozy y Royal en una campaña “no oficial” que duró varios meses y sólo a partir del 9 de abril, fecha de comienzo de la campaña oficial, de dos semanas de duración, el tiempo de presencia en los medios se distribuyó en partes iguales entre los 12 candidatos.

Todo indica que para la segunda vuelta quedarán Ségoléne Royal y Sarkozy o, aunque menos probable, este último y Bayrou. Los tres conservadores. Bayrou, hombre de derecha, ha ganado popularidad con su argumento central de que más de 20 años de alternancia en el Gobierno del Partido Socialista y de la derecha tradicional han llevado a Francia a una situación deplorable y que hay que salir de ella reuniendo en el Gobierno lo mejor de ambos bandos. En una palabra, propone una coalición de centro-derecha, propuesta que cuenta con el apoyo a dirigentes importantes del PS.

A una semana del primer turno de las elecciones, todas las encuestas atribuyen el primer lugar a Sarkozy (entre el 26 y el 29,5%), el segundo a Royal (entre el 23 y el 25%), el tercero a Bayrou (entre el 17,5% y el 21%) el cuarto a la extrema derecha de Le Pen (entre el 13,5% y el 15%) y entre el 1,5% y el 2% a otros dos candidatos de derecha: de Villiers y Nihous. Ya hemos indicado más arriba las intenciones de voto a favor de los candidatos de izquierda. En el segundo turno electoral Sarkozy le ganaría a Royal 53% a 47% y Bayrou a Sarkozy 53,5% a 46,5%. Algunos puntos más o menos, estos resultados se mantienen invariables en las encuestas desde hace varias semanas.

En esta situación ¿qué proponen los “tres B” de la izquierda a los electores?

Buffet dice que hay que crear las condiciones en el primer turno (votando por ella) para que la izquierda gane finalmente la elección. Es decir que para Buffet, contra toda evidencia , el PS y en particular Ségoléne Royal, forman parte de la izquierda. Esto agrega a la confusión y contribuye a demorar un proceso positivo en la política francesa.

Bové que habla de voto “insurreccional” (que consiste en votar por él en el primer turno) anunció que en la segunda vuelta votará a la candidata del PS, a la que califica de izquierda “blanda”. Ninguno de los dos dicen que harán si es Bayrou el que enfrenta a Sarkozy en la segunda vuelta.

Y Besancenot, que reclama que se lo vote en el primer turno para fortalecer la izquierda para las luchas futuras y por convicción, dice que la LCR decidirá su consigna de voto después del primer turno pero que su partido no practica la política de “lo peor”. Debe entenderse que propiciará el voto contra Sarkozy sin pronunciarse abiertamente por el voto a Royal.

La idea común de los tres es: en el primer turno voten por mí y en el segundo “cualquier cosa menos Sarkozy”, lo que tampoco aclara mucho políticamente la disyuntiva, sobre todo a largo plazo, que se le presenta a la clases populares.

Pero la realidad no es como la presentan los “tres B”. Porque Sarkozy será el ganador en el segundo turno si su adversaria es Royal. Esto ya prácticamente nadie lo duda, ni siquiera los dirigentes del PS. Incluso algunos de ellos hablan de un acuerdo con Bayrou, sin aclarar cuando ni cómo, aparentemente para tratar de salvar algo del desastre, pero en el fondo interesados en formar en Francia una nueva coalición de centro derecha, como propone Bayrou.

De modo que a los electores de izquierda les quedan dos opciones, un verdadero dilema de hierro. La primera es votar por convicción en la primera vuelta y votar en blanco o abstenerse en la segunda vuelta, ya sea para tratar de deslegitimar en lo posible el, al parecer, inevitable triunfo de Sarkozy sobre S. Royal, o para no participar en un duelo entre Sarkozy y Bayrou.

La segunda opción, si se quiere intentar con alguna probabilidad de éxito que se imponga la consigna “cualquier cosa salvo Sarkozy” es, tapándose la nariz, votar por Bayrou desde la primera vuelta.

Algunos analistas políticos hablan de una “derechización” del electorado francés.

A pocos días del primer turno casi un 40 % del electorado no sabe por quién va a votar. No hay tal derechización del electorado, sino una derechización del PS y la incapacidad de la izquierda para ofrecer una verdadera opción creíble antisistema, lo que ha desorientado a buena parte del electorado, que si no se abstiene o vota en blanco, tiene que votar por el que considera “menos peor”. En otros términos, elegir entre la sartén y el fuego.

Lo positivo de todo esto es que cabe esperar que después de las elecciones se produzca una recomposición del panorama político francés, con el PS fragmentado entre los centristas y los social liberales, por un lado y su izquierda, por el otro. Los primeros aliados al centro-derecha tradicional que puede encarnar Bayrou y la segunda formando parte de una verdadera alternativa popular de transformación social integrada sobre todo por los ciudadanos independientes de izquierda y por los miembros y ex miembros más lúcidos de los partidos de izquierda.