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viernes, 11 de junio de 2010

Electo un suizo como nuevo presidente de la Asamblea General de la ONU


El ex presidente de la Confederación Helvética, Joseph Deiss, fue elegido este viernes por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el presidente del próximo período número 65 de sesiones de este órgano multilateral.

Deiss, que también fue ministro de Exteriores y de Economía suizo, fue seleccionado por unanimidad entre los 192 países del organismo internacional para sustituir en septiembre al diplomático libio Ali Abdessalam Treki.

"Felicito al señor Deiss por su elección como el nuevo presidente de la Asamblea General", expresó Abdessalam luego de la elección, en medio de aplausos por parte de la delegaciones que se encontraban en el recinto.

La votación con consenso de este político de 64 años no fue una sorpresa, ya que era el único candidato del llamado grupo de Europa Occidental y otros países, región que según el reglamento del organismo le toca presidir este órgano de las Naciones Unidas durante el período de 2010-2011.

El nuevo presidente obtuvo el respaldo de su grupo regional en diciembre de 2009 tras superar a la candidatura del ministro de Exteriores belga, Louis Michel.

En su discurso de bienvenida al próximo presidente, Abdessalam Treki resaltó que la larga experiencia política de Deiss le ayudará a "conducir las discusiones sobre los diversos asuntos y desafíos relacionados con la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos que constituyen nuestra agenda".

Destacó el papel realizado por Deiss para que Suiza pudiera ingresar a las Naciones Unidas en 2002, lo que para Abdessalam Treki pruba su compromiso con los principios del multilateralismo.

Por su parte, Deiss manifestó durante su intervención el agradecimiento por el "honor" que representa para su país su elección y la confianza que han depositado en su persona.

"Los valores que abrazó Naciones Unidas al ser fundada siguen siendo absolutamente relevantes", afirmó el ex presidente suizo, quien enfatizó su determinación en colaborar estrechamente con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Señaló además que en el mundo actual de la globalización y la interdependencia se requiere "de respuestas colectivas" para enfrentar nuevos fenómenos como el calentamiento mundial o el terrorismo internacional, así como retos perennes como la guerra y la pobreza.

"Más que nunca, tenemos que actuar unidos para ser eficaces", subrayó.

Joseph Deiss inició su carrera política en 1981 como diputado en el Parlamento de Friburgo, donde nació, y diez años más tarde presidió ese órgano, hasta que fue elegido miembro del Parlamento federal (Cámara Baja), un cargo que desempeñó por ocho años.

En 1996, presidió la comisión que realizó la revisión total de la Constitución de Suiza.

Deiss fue electo el 11 de marzo de 1999, sustituyendo a Flavio Cotti como titular del Ministerio de Asuntos Exteriores, para ocupar a partir de enero de 2003 la cartera de Economía, que tuvo a su cargo hasta su dimisión en 2007.

Además, entre enero de 2004 fue elegido presidente de la Confederación Helvética, cargo que ocupó durante un año, tal como establece la Constitución del país.

domingo, 21 de octubre de 2007

Elecciones en Suiza

Elecciones en Suiza con tempestad xenofóbica

Sergio Ferrari
Rebelión

Tres ovejitas blancas patean hacia fuera una ovejita negra. Con el escenario de fondo de una bandera roja y blanca de la Confederación Helvética. “Por más seguridad”, es la consigna central. Con tres pequeños agregados: “calidad suiza”; “mi casa, nuestro país”; “por una Suiza fuerte”.

Tal la imagen de un afiche que en miles de ejemplares y en las cuatro lenguas nacionales está pegado desde hace semanas en los principales cartelones de todo el país.

Convirtiéndose en el principal instrumento de la campaña electoral de la Unión Democrática de Centro (UDC) de cara a las elecciones legislativas de este domingo 21 de octubre. De las mismas surgirá un nuevo Consejo Nacional –Cámara de Diputados- y un nuevo Consejo de Estado –Cámara de Senadores- que deberán elegir a su vez, en diciembre próximo, el ejecutivo.

OFENSIVA CONSERVADORA

La histórica democracia directa helvética parece sentir el peso de su ancianidad. La UDC, que invirtió en esta campaña electoral más de 12 millones de dólares, es hoy la primera fuerza política nacional, contando con dos de los siete miembros del ejecutivo colegiado.

Las encuestas le asignan más del 27 % de las intenciones de votos, dejando bastante por detrás al partido social demócrata, en retroceso, con un débil 22 %, así como a los tradicionales partidos radical (derecha empresarial) y democratacristiano, ambos con uno 15 % de intenciones de votos cada uno. Sólo Los Verdes, con una presencia progresista y con un 10 % del electorado es la otra fuerza en crecimiento.

El lenguaje de la UDC es tan duro como simplista y sus consignas de Gobierno no esconden una clara visión nacionalista: no a la entrada de Suiza en la Unión Europea; la reducción de los impuestos y de la cooperación externa; el control creciente, y con mano dura, de la inmigración y de los demandantes de asilo.

Su programa electoral, un mamotreto de casi 80 páginas, llama también a combatir el “pensamiento único de izquierda”, subsidiado desde el Estado con su política cultural abierta. Como alternativa propone, entre otras medidas, el reforzamiento del folklore nacional.

UN PARTIDO CON CAUDILLO

Si en 1975 la UDC había alcanzado apenas un 9.75 % de votos –el porcentaje más bajo desde su fundación-, los años 90 la propulsaron hacia arriba, logrando en las elecciones del 2003 el 22.5 % de votos.

Tras esa espiral creciente sobresale Christoph Blocher, su principal dirigente nacional y caudillo, quien a fuerza de empujones y de resultados positivos llegó al Gobierno en 2003, ocupando desde entonces el sensitivo ministerio de Justicia y Policía. Contrariando la tendencia de todos los otros partidos de extrema derecha europea que se debilitaron al integrar coaliciones de gobierno, la UDC sigue creciendo.

A pesar de representar los intereses de grandes sectores empresariales, su discurso populista seduce y convoca. Tal como lo señala un estudio publicado recientemente por el periódico independiente “Le Courrier”, en 2003 la UDC conquistó el 37 % de los votos de los que ganan menos que el salario mínimo. Es decir, entre el sector social suizo (con derecho a voto) menos pudiente.

CLIMA POLITICO ENVENENADO

La tranquila democracia helvética no sale intacta de este nuevo fenómeno que la sacude. A diferencia de sus campañas electorales tradicionales, la polarización política ha ganado un lugar preponderante en las últimas semanas.

El primer sábado de octubre, una manifestación de la UDC que había previsto recorrer el centro de la capital Berna y que debía concluir en la Plaza Federal, justo frente a la Casa de Gobierno, no logró sus objetivos.

Varias centenas de manifestantes en su mayoría autónomos y de izquierda, obstaculizaron el cortejo originándose diversas confrontaciones con la policía y convirtiendo a la coqueta capital helvética en un inusual campo de batalla. No faltaron en la protesta los activistas encapuchados que se identificaban con el movimiento “bloque negro” (Black block). En tanto más de 3 mil manifestantes expresaban pacíficamente, en otra plaza capitalina - la de la catedral-, su condena al racismo.

Uno de los principales periódicos dominicales suizos demostró una semana después, a través de un fotorreportaje, la presencia en el cortejo *ucedecista* de varios militantes reconocidos de grupos juveniles neo-facistas.

Y en el marco de esa polarización creciente –que se expresa también en los debates públicos entre candidatos- , importantes organizaciones sociales, sindicales, religiosas y de inmigrantes no esconden su preocupación y redoblan las críticas contra la UDC a quien acusan del peligroso clima xenofóbico en aumento en el país.

En pocas horas más de 25 mil personas han firmado por Internet en la última semana una iniciativa ciudadana para exigir que los “debates políticos se realicen respetando al otro, sin xenofobia ni discriminación”.
La misma, que denuncia el afiche de la UDC de las ovejitas blancas expulsando a patadas a la ovejita negra, apuesta a una nueva propuesta.

“La ovejitas de todos colores”, expresión del pluralismo y la diversidad que la sociedad helvética arriesga, aceleradamente, de perder.

Fortalecimiento de la xenofobia, discursos racistas y provocadores... la vida política helvética se ve asaltada por síntomas preocupantes. Justo cuando en la misma Alemania, últimas encuestas revelan un fuerte resurgimiento de las simpatías nazis.