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sábado, 6 de septiembre de 2008

El viudo de Bhutto gana las elecciones en Pakistán



Tal como se había pronosticado, Asif Ali Zardari, el viudo de la ex primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, ha ganado hoy las elecciones presidenciales, según los resultados preliminares ofrecidos por la Comisión Electoral. Zardari había asegurado 480 de los 702 votos de los colegios electorales, de acuerdo a las primeras cifras.

"Con la Presidencia recobrada de la dictadura y devuelta a un Gobierno democrático, el sueño de Benazir Bhutto se ha cumplido", ha asegurado Zardari en un comunicado tras conocerse los resultados. El líder del Partido Popular (PPP) ha agradecido al pueblo y a los partidos que le han brindado su apoyo, la confianza depositada al elegirle con un "voto aplastante", y ha prometido estar a la altura de las circunstancias, fortalecer al país y curar las heridas del pasado.
"No es solo una victoria para Zardari y el Partido Popular de Pakistán (PPP), sino una victoria para el sueño de Benazir Bhutto de un sistema político democrático", ha dicho por su parte la portavoz de la organización Farzana Raja, en medio de gritos de seguidores de larga vida a Bhutto.

Zardari, crecido políticamente tras la muerte de su esposa en un atentado a finales de diciembre pasado, se enfrentaba con el ex juez Saiduzaman Sidiqui, promovido por la Liga Musulmana-N del ex primer ministro Nawaz Sharif, y con el senador Mushahid Husain, de la Liga Musulmana-Q, que sostuvo al régimen de Pervez Musharraf.

Zardari sucederá a Musharraf, quien ejerció el poder al que accedió mediante un golpe de Estado en 1999, y quien tuvo que renunciar el mes pasado presionado por la Liga Musulmana y el PPP.

Para llegar hasta aquí, Zardari no ha dudado en prescindir de su principal socio tras la victoria electoral del PPP en febrero, el ex primer ministro Sharif, tras declarar que, para él, los acuerdos entre ambos no eran "sagrados como el Corán". Era una ruptura previsible, ya que Zardari pasó casi once años en la cárcel con cargos levantados durante los Gobiernos de Sharif, que le dieron su fama de corrupto por las supuestas comisiones que cobraba.

Zardari, de 53 años, es aliado de Estados Unidos y en varias ocasiones ha resaltado el compromiso de Pakistán en la lucha contra el terrorismo y los militantes talibanes que llevan cabo ataques y cometen atentados contra objetivos civiles y militares del país.


martes, 17 de junio de 2008

Pronunciamiento del PC de Pakistán

PC de PAKISTÁN

¡¡¡Adelante, adelante la lucha!!!


Breve análisis sobre la situación política en Pakistán


Pakistán ha estado en una continua crisis desde su creación hace unos sesenta años. Pero la crisis presente ha llegado al límite. No es sólo política, sino también económica y social. El 9 de marzo de 2007 se puso de manifiesto su intensidad cuando los pilares del estado colisionaron entre sí. Fue tan horrible la situación, que la Junta militar y sus amos americanos se volvieron locos. Si añadimos el asesinato de Benazir Bhutto, la situación se salió virtualmente del control y el mandato de la Junta sólo se acataba en los cuarteles. Fue el momento en que una verdadera vanguardia revolucionaria organizada podría haber cambiado el rumbo hacia la revolución. Pero ello no resultó, sin embargo las elecciones del 18 de febrero de 2008 sí salieron. El CPP no pone sus esperanzas de un cambio de sistema en los partidos que obtuvieron el mandato. El pueblo depositó expectativas en los partidos de la corriente dominante. Creemos que tales aspiraciones populares no se verán honradas por esos partidos, a menos que el pueblo siga presionando mediante sentadas, manifestaciones, marchas, etc. Las manifestaciones han parado, y una nueva clase dominante está emergiendo de las cenizas de la vieja. América y sus vicarios en el Medio Oriente, la UE y los militares han colaborado para crear esta clase dominante una vez más. Los precios de bienes de consumo se han disparado, el sistema judicial no ha sido reinstaurado, y, sobre todo, el poder no ha sido transferido a los representantes. Entretanto el PML-N abandonó la coalición; los sectores democráticos del PPP han sido marginados. Ahora, el PPP y ANP se ocupan de forjar la alianza con el imperialismo americano y la clase dominante local. Mientras el PML-N está preparando el terreno para el capital del Medio Oriente. El APDM ha sido reducido por los mulás al nivel de juguete en manos de la clase dirigente.
El partido Republicano del imperialismo norteamericano está en la fase final de su mandato, y se lanza a implementar su plan del "Gran Oriente Medio", el cual también implica una reestructuració n geográfica de los estados de la región. Pakistán lleva las de perder en este escenario.
¿Cuál debería ser el papel de los movimientos democráticos, de izquierda, progresistas y especialmente de los abogados de Pakistán?
El CPP está convencido de que lo que realmente hay que hacer es transferir el poder a los representantes del pueblo y restaurar por ley los derechos de las naciones oprimidas. La restauración de los jueces expulsados, incluyendo el CJ (Presidente del Tribunal Supremo), a su posición del 3 de noviembre de 2007, sería la confirmación. Los alimentos, sobre todo la harina, el aceite comestible, el ghee, el azúcar, las legumbres, el arroz y el petróleo deben ser accesibles a precios subvencionados/ reducidos para los pobres. Deben dar a los parados un empleo honorable. Para este fin, abogados, profesionales, sindicatos, uniones de campesinos deben ser reunidas bajo la misma bandera, y comenzar a presionar sobre el grupo militar dominante y la Presidencia. La larga marcha de los abogados debe apuntar al Estado Mayor y a sus mentores americanos. Debe hacerse una prolongada sentada ante la Embajada Americana. Y otra ante la oficina presidencial en el Estado Mayor, que no debe dispersarse hasta que todas las demandas sean aprobadas por el Parlamento. Al mismo tiempo deben hacerse llamamientos a una huelga de transportes.
El papel del pueblo y de las fuerzas democráticas en países como el nuestro no puede limitarse a votar y elegir un parlamento, también es nuestro papel luchar por la soberanía de este parlamento. Sólo entonces la democracia echará aquí raíces.
Emitido por el Secretariado Central,
Partido Comunista de Pakistán (CPP)
Tel: 022-2654531
Mobile: 03332714014
Email: cppak2003@yahoo. com

viernes, 28 de diciembre de 2007

La batalla por Pakistán

La batalla por Pakistán




Txente Rekondo
Rebelión

La muerte de Benazir Bhutton en atentado ha sacudido buena parte de los cimientos políticos de aquél país asiático, pero más allá de la tragedia que supone para su familia personal y política e incluso para el futuro de Pakistán, su violento final parecía seguir el título de “crónica de una muerte anunciada”. Los intereses de Washington y los deseos de la propia Bhutto forjaron un escenario virtual.


Y ese guión se ha topado de bruces con la cruda realidad de ese complejo y turbulento estado y ha saltado hecho pedazos tras el atentado contra la famosa política paquistaní. Como si de una tragedia griega se tratase, la familia Bhutto ha estado marcada por la muerte violenta de sus miembros, el padre de Benazir y dos de sus hermanos también murieron de forma violenta, y por los escándalos de corrupción, su propio marido en las calles de Pakistán es conocido como “el señor 10%”

Pakistán es un país al borde del precipicio, una delicada situación si se tiene en cuenta la capacidad desestabilizadora para esa región del continente asiático que supondría una radicalización de la sociedad paquistaní, sin olvidar tampoco la capacidad nuclear que posee Islamabad. Los enfrentamientos y la violencia se suceden por todas las provincias y el nivel de éstos aumenta cada día.

Un breve vistazo nos permite observar cómo hasta hace poco el movimiento taliban paquistaní se había hecho con el control de los distritos de Swat y Shangla en la Provincia Fronteriza del Noreste, recientemente recuperadas por el ejército tras duras batallas y con importantes pérdidas de vidas en ambos bandos. Además esta intervención del ejército ha provocado también un alto número de muertes civiles lo que a su vez trae consigo un mayor rechazo a las fuerzas de Islamabad en la zona y a una mayor radicalización de sus habitantes.

La violencia sectaria también es periódica, tanto entre diferentes tribus como entre miembros de las comunidades chiítas y sunitas del país. Otras zonas, como Baluchistán, asisten al resurgir del movimiento armado que busca la formación de un estado propio y rechaza la autoridad del gobierno central, al que acusa de expoliar las riquezas de ese pueblo y de marginar a sus ciudadanos.


También estamos asistiendo a un notable incremento de los ataques suicidas contra militares, altos cargos del gobierno y líderes políticos, el propio Musharraf ha sido objeto de más de un ataque. Y todo ello se ve aderezado por la presencia de una oposición dividida y desestructurada que busca acariciar alguno de los resortes del poder aunque eso signifique llevar a cabo alianzas contra natura. Las diferentes posturas en torno a la participación en las próximas elecciones del ocho de enero o el boicot a las mismas siguen dividiendo a aquella aún más.


El presidente Mushrraf , como la figura del “general en su laberinto” parece de momento sentirse seguro, al menos en el estricto sentido político, ya que como hemos visto en cualquier momento se puede suceder otro ataque contra su vida. Y para llegar a esa situación es clave el apoyo que recibe de Washington, lo que la calle del país percibe con humor al llamarle “Busharraf”, y de los militares paquistaníes, lo que le permite mantenerse firme en su puesto al frente del país.

La desaparición física de la escena política de Bhutto va a dar lugar a un sin fin de especulaciones e interpretaciones como lo hará sin duda el atentado realizado en Rawalpindi. Es cierto que el anterior ataque contra Bhutto al llegar al país tras años de exilio dio muestras de ser una acción planeada y resalida con mucha meticulosidad, lo que hace pensar que no muy lejos de ella podíamos encontrar a algún miembro del todopoderoso servicio secreto, el ISI. Y esos datos pasaron curiosamente desapercibidos en la mayoría de análisis occidentales. En esta ocasión será difícil encontrar el autor intelectual del atentado, ya que éste puede obedecer a un amplio abanico de intereses que se benefician con la desaparición de Bhutto, además tampoco podemos olvidar del alto número de enemigos que tenía la política paquistaní.


Una de las claves para entender ese complejo puzzle en el que se ha convertido en Pakistán actual es el papel que desempeñan las fuerzas armadas desde la fundación del país. En estos momentos, los militares paquistaníes son una importante empresa financiera que ha ido creando redes y fuentes financieras para poder desarrollar su maquinaria militar, incluido el costoso programa nuclear, y controlar al mismo tiempo política y económicamente Pakistán.


Los generales paquistaníes no están interesados en la defensa o articulación de un modelo democrático, porque son conscientes que ello podría significar el final de sus privilegios y de su acomodada y poderosa situación, y en esto coinciden también con el otro protagonista clave, el gobierno de Estados Unidos.


Las actuaciones de Washinton en Pakistán, como en otras partes del mundo, han estado disfrazadas por el discurso de “promover la democracia en todos los rincones del planeta”, pero al igual que en el pasado con Pinochet, Marcos y otros muchos dictadores, o incluso con el general Zia y el propio Musharaf en Pakistán, lo que en realidad busca la actuación de la política exterior estadounidenses es la defensa a ultranza de sus propios intereses económicos, políticos o militares en todo el mundo. De ahí que defender la democracia con dictadores como los mencionados sonaría a risa de no ser por el tremendo sufrimiento que han generado en los pueblos a los que dice “querer ayudar”.

Un repaso a la prensa paquistaní escrita en urdu nos permite descubrir el sentir de la población local, tremendamente enojados con la actitud de su gobierno ante las pretensiones de los dirigentes de la Casa Blanca. Un ejemplo lo encontramos en la reciente visita a Pakistán de Subsecretario de Estado norteamericano Jhon Negroponte, que la presentan como “parte de los mismos esfuerzos para proteger sus propios intereses”. Y más adelante, entre líneas, se puede leer que “la agenda real de la visita no es acabar con el estado de emergencia y establecer una democracia verdadera en Pakistán, sino lograr asegurar la protección de los intereses de Estados Unidos en el futuro escenario político del país”.


Los frutos de esta actuación la estamos viendo en los últimos días con mayor claridad que en el pasado. La presión de Washington ha traído consigo un importante aumento del sentimiento antiamericano por todo Pakistán, además de haber contribuido a un auge de un islamismo de corte nacionalista. Este punto es importante además si tenemos en cuenta que la realidad islamista del país dista mucho de los discursos alarmistas e interesados que se vierten desde Estados Unidos, sobre todo desde sectores neoconservadores.


Los partidos religiosos no son una fuerza homogénea, a las divisiones tradicionales en torno a chiítas y sunitas hay que sumar las diferentes tendencias entre los grupos con base en las zonas rurales o movimientos más urbanos. Además, hasta hace poco la tendencia taliban paquistaní representaba un movimiento marginal y poco numeroso. Un dato bastante esclarecedor es el apoyo que recibe la mayor alianza islamista del país, el Muttahida Majlis-e-Amal (MMA) que en las elecciones del 2002 logró algo más del doce por ciento del voto (si bien es cierto que en algunas zonas fue la fuerza más votada).


El proceso de islamización de Pakistán ha estado estrechamente unido al apoyo estadounidense a determinados dirigentes del país. Así, el régimen militar del general Zia recibió el apoyo y respaldo de la administración republicana de Reegan, ya que lo consideraron pieza clave para expulsar a las fuerzas soviéticas de Afganistán. La promoción de madrassas y la radicalización ideológica de las fuerzas islamistas contó con el beneplácito de Islamabad y Washington y con el apoyo económico de Arabia Saudita. Y ahora bajo el mandato de Musharraf, también con apoyo norteamericano, estamos asistiendo a al avance ideológico y material de las fuerzas del islamismo militante, unido al aumento de los ataques suicidas y a la implantación de la sharia en algunas zonas.

Las recientes maniobras desde EEUU han traído consigo que los canales de comunicación entre los militantes talibanes paquistaníes y el ejército se hayan roto y que la situación se esté acercando peligrosamente a un punto sin retorno.

En Pakistán estamos asistiendo a una lucha sin cuartel. Por un lado están las fuerzas armadas y sus apoyos políticos y económicos tanto locales como extranjeros, y por otro lado encontramos a los militantes islamistas, partidos minoritarios, parte de la sociedad civil, e incluso al Qaeda. Y mantienen una pelea de todos contra todos. Y sin olvidar a EEUU, uno de cuyos políticos ha señalado que “la seguridad del arsenal nuclear paquistaní es el principal interese estratégico de Washington”. Y para ello no dudan en apoyar a los militares locales para que mantengan “controlado el centro del país” (Islamabad y Punjab).

La sociedad paquistaní afronta divisiones étnicas, políticas, sectarias y culturales, y ahora a éstas hay que añadir un movimiento islamista radicalizado en auge. Probablemente todavía no hemos asistido a la conclusión de esta lucha por Pakistán, pero podemos adelantar que probablemente no asistamos a un final feliz.


TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)