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jueves, 8 de abril de 2010

"Carlín" en San Marcos

CONFERENCIA

KARL MARX, LA CRISIS CAPITALISTA Y LAS ALTERNATIVAS



Ponente:

CARLOS TOVAR “CARLÍN”

Arquitecto. Caricaturista del diario “La República”.

Panelista:

Luis Garate

Periodista de “Nuestra Bandera”. Dirigente JotaCé – PR.



MARTES 13 DE ABRIL
3.30 p.m.



Auditorio “Max Arias Shereiber”

Facultad de Derecho y Ciencia Política – UNMSM




*La inauguración del evento estará a cargo de Marco Sipán (1er. Secretario de la JotaCé)

Organiza:

Círculo Antonio Gramsci.

Juventud Comunista del Perú – Patria Roja

http://www.avantijotace.blogspot.com/

viernes, 2 de abril de 2010

Las Líneas de Chavez


¡Con Marx, con Cristo, con Bolívar!


I


El pasado lunes, 8 de marzo, se cumplieron cien años de haberse instituido el Día Internacional de la Mujer: fuimos al Panteón Nacional a conmemorar este luminoso centenario, pleno de significación revolucionaria y socialista. En ese gran día quedó constituido el Frente de Mujeres Bicentenario 200, para profundizar el proceso de liberación de la mujer, de todas las mujeres, con el rumbo cierto que nos marca la vía venezolana hacia el socialismo.

Dice la intelectual venezolana Alba Carosio en su texto Los retos del socialismo feminista del siglo XX (2009): “El socialismo sólo puede afirmarse sobre nuevas relaciones sociales sin dominación, lo cual implica la revolución en lo inmediato, en la vida cotidiana, e incluye una nueva manera de ser mujer y hombre. La transformación socialista está entrelazada con la transformación de la institucionalidad que subordina a la mujer”.

Comparto plenamente la visión de Alba Carosio sobre la centralidad que tiene la vida cotidiana: allí es donde tiene que hacerse tangible el socialismo. Igualmente, la transformación de la institucionalidad es decisiva: el hecho de contar con mujeres en cargos públicos, de alcanzar determinado porcentaje, es importante pero no equivale automáticamente a que desaparezca la relación de subordinación y exclusión de la mujer.

No se puede construir el socialismo si los antivalores del machismo no son pulverizados por todas y todos. Sirvan unas palabras de Bolívar de julio de 1819 como inspiración y guía: “La mujer, la mujer… Nuestros antepasados la consideraban inferior al hombre, y nosotros la consideramos nuestra igual… Unos y otros estamos grandemente equivocados, porque la mujer nos es muy superior… Dios la ha dotado de gran perspicacia y sensibilidad, y ha puesto en su corazón fibras delicadísimas, cuerdas muy sensibles a todo lo noble y elevado”.

II

El martes 9 de marzo condecoramos con la Orden Francisco de Miranda, en su segunda clase, a las jóvenes heroínas de nuestra selección de fútbol femenino Sub-17 que obtuvieron una histórica clasificación a la Copa Mundial Femenina de la FIFA, Trinidad y Tobago 2010: fue una verdadera hazaña la que realizaron en el Suramericano de Sao Paulo, obteniendo un muy meritorio tercer lugar. Justo y merecido reconocimiento a nuestras muchachas: gracias a su brillante y corajudo desempeño, Venezuela volvió a hacer historia.
En el mismo acto abanderamos a la delegación nacional que va a participar en los IX Juegos Deportivos Suramericanos 2010. Necesario es recordar que en la anterior edición (Buenos Aires 2006) Venezuela conquistó un brillante tercer lugar: nuestra mejor actuación en estos juegos con la friolera de 98 medallas de oro. Vamos a Medellín a continuar haciendo historia: para la generación de oro nada es imposible y tengo la certeza de que volverán a darle gloria a nuestra Patria.
III
El miércoles 10 de marzo, natalicio de José María Vargas, celebramos el Día del Médico con un hermoso acto en el Teatro Municipal de Caracas. Un acto que fue elocuente demostración de un hecho puntual y concreto: son cada vez más las venezolanas y venezolanos que están ejerciendo un verdadero apostolado social de la salud.
Anunciamos una buena nueva para todos los médicos y médicas que laboran en el sector público: a partir del 1° de mayo de este año se hará efectivo un aumento de sueldo del 40% para todas y todos.
Se me impone un necesario ejercicio de memoria. Hay que mirar hacia el pasado para saber de dónde venimos en materia de salud y de ejercicio de la medicina.
Se dice, con absoluta certeza, que no hay nada más preciado que la salud, sin embargo los cuarenta años de democracia burguesa se encargaron de patear tal certeza. Vale la pena recordar que para el año 1999, el 80% de la población estaba excluida de la atención médica.
Padecer de alguna enfermedad, alguna dolencia, era otra manera de confirmar la condición de pobreza asumida como parte de la naturaleza del sistema: a la inmensa mayoría no le quedaba otra cosa que la más cruel resignación.
El plan era claro: mercantilizar la salud para hacer inevitable su privatización. Esta concepción mercantil, a través de las clínicas privadas en asociación con las aseguradoras, desgraciadamente permeó a los profesionales de la medicina quienes, alejándose cada vez más del esencial sentido social de su ejercicio, fueron sustituyendo al paciente por el cliente.
No basta todo el esfuerzo que hemos hecho creando un sistema de salud de honda concepción popular: hay que transformar el espíritu de quienes llevan a sus espaldas la prestación de los servicios médicos en el país. Una transformación que está en marcha.
Se ha ido forjando una nueva subjetividad en quienes son los responsables del arte de la salud. Es un humanismo radical que nadie mejor que ese Quijote de la medicina venezolana llamado Gilberto Rodríguez Ochoa definió como “el acto de amor que debe ser la curación”.
IV
El viernes 12 de marzo asistimos a la clausura de la reunión de seguimiento de la cooperación bilateral entre Bielorrusia y Venezuela: el balance es sumamente positivo para dos pueblos cada vez más unidos, a pesar de la distancia geográfica, y cada vez más identificados por estar en la vanguardia de la construcción de un mundo pluripolar. No podía haber mejor prolegómeno a la visita que el presidente Lukashenko nos dispensará el próximo lunes.
En el mismo acto fue tan emocionante como conmovedor entrar en contacto con la delegación venezolana presente en Haití, para conmemorar solidariamente una fecha de la mayor trascendencia histórica: a 204 años de que el Almirante y Generalísimo Francisco de Miranda izara, por primera vez, nuestra bandera en el mástil del Leander, en el puerto de Jacmel, Haití; Venezuela reafirmó su compromiso fraterno con el pueblo haitiano y su disposición para continuar maximizando la ayuda que le permita superar la tragedia causada por el terremoto del 12 de enero de 2010.
V
Voy a asistir a la sesión del Congreso Extraordinario del PSUV hoy sábado, cuando estoy terminando de redactar estas Líneas. Y por cierto, viajaré a Barquisimeto con motivo del acto de presentación de los aviones K8, de fabricación china, que hemos adquirido para seguir fortaleciendo nuestra capacidad defensiva, conjurando cualquier posible agresión contra nuestra Patria.
Quiero concluir con un conjunto de reflexiones sobre el PSUV, sobre su presente y su porvenir.
El miércoles pasado, cumpliendo otra etapa del proceso de cara al 26 de septiembre, el PSUV recibió un total de 3 mil 952 precandidaturas como parte del proceso de postulaciones a los 110 cargos nominales. Esta gran participación da muestra del ánimo y del carácter verdaderamente democrático que alienta al partido.
Sabemos que en las próximas elecciones tenemos una meta clara: ganar abrumadoramente para que la Asamblea Nacional continúe siendo un espacio para afianzar y, más aún, profundizar la dinámica socialista. Aunque tal propósito se puede traducir en una determinada cantidad de parlamentarios, de lo que se trata es de un problema cualitativamente revolucionario.
Tenemos que acrecentarnos en conciencia revolucionaria y en ejercicio realmente socialista, si queremos que una institución como la Asamblea cumpla, a cabalidad, con el desmontaje del viejo Estado burgués y contribuya a abrirle las puertas al Estado socialista. Se trata de legislar respondiendo a la praxis socialista y obedeciendo al pueblo. Quien no lo entienda, debe elegir otro camino.
Necesario es ir más allá del parlamentarismo social de calle: llegó la hora del protagonismo de la calle parlamentaria, del pueblo legislador, como lo llamaba Robinson. Estamos obligados a ir hacia la viva fuente del poder obediencial: la que desborda toda forma de representatividad.
A 200 años del inicio de la batalla por nuestra independencia definitiva, sólo si radicalizamos el proceso, acelerando la transición al socialismo, encarnará, en realidad y en verdad, la Patria libre, soberana e independiente de nuestros sueños y nuestra esperanza.
De allí mi llamado a proseguir la agenda eleccionaria con la misma alegría mostrada hasta ahora, pero teniendo en cuenta la suprema importancia que tienen las decisiones venideras. Basta asumirlas, ejerciendo plenamente la conciencia crítica y alimentando continuamente el fervor patrio.
Tengo plena confianza en las bases del PSUV y estoy absolutamente resteado con ellas: sé que van a elegir a los mejores cuadros por su solidez ideológica, su madurez política y su compromiso con el pueblo.
No puedo olvidar la fecha de publicación de estas líneas: 14 de marzo. Se cumplen 127 años de la desaparición física en Londres de aquel gigante del pensamiento crítico y transformador que se llamó Carlos Marx. Hoy quiero reivindicar la viva memoria del gran profeta de la cuestión social y de la voz mayor de la tradición anticapitalista de los oprimidos: reivindicar su herencia antidogmática y antisectaria. Quiero parafrasear el final de un poema memorable que le dedicara a Marx el poeta peruano Antonio Cisneros: estamos en deuda contigo, viejo aguafiestas. Seguiremos permanentemente en deuda contigo.
Con Marx, con Cristo, con Bolívar, decimos:
¡Patria socialista o muerte!

¡Venceremos!

martes, 12 de mayo de 2009

TRES PARTES INTEGRANTES DEL MARXISMO / Lenin


La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el mayor odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una ”secta perniciosa”. Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad regida sobre la lucha de clases no puede haber una ciencia social “imparcial”. De un modo u otro, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar una ciencia imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma pueril ingenuidad que esperar de los fabricantes imparcialidad en cuanto a la conveniencia de aumentar los salarios de los obreros, en detrimento de las ganancias del capital.

Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de las ciencias sociales enseñan con toda claridad que no hay nada en el marxismo que se parezca al “sectarismo”, en el sentido de una doctrina encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo de la civilización mundial. Al contrario, el genio de Marx estriba, precisamente, en haber dado solución a los problemas planteados antes por el pensamiento avanzado de la humanidad. Su doctrina apareció como continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo. La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es completa y armónica y ofrece a los hombres una concepción del mundo íntegra, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el sucesor legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés.

Vamos a determinar brevemente en estas tres fuentes del marxismo, que son, a la vez, sus tres partes integrantes.
Parte I

La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y especialmente a fines del siglo XVIII, en Francia, donde se libró la batalla decisiva contra la basura medieval, contra la gazmoñería en las instituciones y en las ideas, el materialismo demostró ser la única filosofía consecuente, fiel a todos los principios de las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de la democracia trabajan con todas sus fuerzas de “refutar”, de minar, de calumniar el materialismo, y defendían las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión.

Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba todo cuanto fuera desviarse de él. Donde con mayor claridad y detalle aparecen expuestas sus opiniones, es en las obras de Engel’s Luddwig Feuerbach y Anti-Dühring, que –al igual que el Manifiesto Comunista- son libros que no deben faltar en las manos de ningún obrero consciente.

Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que llevó más lejos la filosofía. La enriqueció con adquisiciones de la filosofía clásica alemana, especialmente del sistema de Hegel, que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. La principal de estas adquisiciones es la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa, más profunda y más exenta de unilateralidad, la doctrina de la relatividad del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en constante desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales –el radio, los electrones, la transmutación de los elementos –han confirmado de un modo admirable el materialismo dialéctico de Marx, a despecho de las doctrinas de los filósofos burgueses, con sus nuevos retornos al viejo y podrido idealismo.

Marx profundizó y desarrolló el materialismo filosófico, lo llevó a su término e hizo extensivo su conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico. Al caos y a la arbitrariedad, que hasta entonces imperaban en las concepciones relativas a la historia y a la política, le sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, mostrando que de un tipo de vida social se desarrolla, en virtud del crecimiento de las fuerzas productivas, otro más alto, que del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo. Del mismo modo que el conocimiento del hombre refleja la naturaleza, que existe independientemente de él, es decir, la materia en desarrollo, el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiones, políticas, etc.) refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los estados europeos modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado. La filosofía de Marx, es el materialismo filosófico acabado, que ha dado una formidable arma de conocimiento a la humanidad, y sobre todo, a la clase obrera.
Parte II

Una vez comprobado que el régimen económico es la base sobre la que se alza la superestructura política, Marx centró su atención en el estudio de este régimen económico. La obra principal de Marx, El Capital, está consagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es decir, de la sociedad capitalista.

La economía política clásica anterior a Marx se había formado en Inglaterra, en el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo sentaron en sus investigaciones del régimen económico los fundamentos de la teoría del trabajo base del valor.

Marx prosiguió su obra, fundamentando con toda precisión y desarrollando consecuentemente esa teoría, y poniendo de manifiesto que el valor de toda mercancía lo determina la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de unas a mercancías por otras), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el lazo establecido por mediación del mercado entre los distintos productores. El dinero indica que este lazo se hace más estrecho, uniendo indisolublemente en un todo la vida económica de los distintos productores. El capital significa un mayor desarrollo de este lazo: la fuerza del trabajo del hombre se transforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de la fábrica o de los instrumentos de trabajo. Una parte de la jornada la emplea el obrero en cubrir el coste del sustento suyo y de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de la ganancia, fuente de la riqueza de la clase capitalista. La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la doctrina económica de Marx.

El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina al pequeño patrono y crea el ejército de parados. En la industria, el triunfo de la producción en gran escala se advierte enseguida, pero también en la agricultura nos encontramos con ese mismo fenómeno: aumenta la superioridad de la agricultura en gran escala capitalista, crece el empleo de maquinaria, la hacienda campesina cae en las garras del capital dinero, languidece y se arruina bajo el peso de la técnica atrasada. La decadencia de la pequeña producción reviste en la agricultura otras formas, pero esa decadencia es un hecho indiscutible. Al aplastar la pequeña producción, el capital hace aumentar la productividad del trabajo y crea una situación de monopolio para los consorcios de los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez más un carácter social- cientos de miles y millones de obreros son articulados en un organismo económico coordinado-, mientras que el producto del trabajo común se lo apropia un puñado de capitalistas. Crecen la anarquía de la producción, las crisis, la loca carrera en busca de mercados, la existencia de las masas de la población se hace cada vez más precaria. Al aumentar la dependencia de los obreros respecto al capital, el régimen capitalista crea la gran potencia del trabajo asociado.Marx va siguiendo la evolución del capitalismo desde la economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más altas, hasta la producción en gran escala.
Y la experiencia de todos los países capitalistas, tanto de los viejos como de los nuevos, hace ver claramente cada año a un número cada vez mayor de obreros la exactitud de esta doctrina de Marx. El capitalismo ha vencido en el mundo entero, pero esta victoria no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital.
Parte III

Cuando el régimen feudal fue derrocado y vio la luz la “libre” sociedad capitalista, enseguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación de los trabajadores. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella, comenzaron inmediatamente a surgir diversas doctrinas socialistas. Pero el socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba a la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, fantaseaba acerca de un régimen mejor, quería convencer a los ricos de la inmoralidad de la explotación. Pero el socialismo utópico no podía señalar una salida real. No sabía explicar la naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, ni descubrir las leyes de su desarrollo, ni encontrar la fuerza social capaz de emprender la creación de una nueva sociedad. Entretanto, las tormentosas revoluciones que acompañaron en toda Europa, y especialmente en Francia, la caída del feudalismo, de la servidumbre de la gleba, hacían ver cada vez más palpablemente que la base de todo el desarrollo y su fuerza motriz era la lucha de clases.
Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal fue alcanzada sin desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base más o menos libre, más o menos democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la sociedad capitalista.
El genio de Marx está en haber sabido deducir de ahí antes que nadie y aplicar consecuentemente la conclusión implícita en la historia universal. Esta conclusión es la doctrina de la lucha de clases.

Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del engaño propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a discurrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de unas u otras clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha a los elementos que puedan –y, por su situación social, deban- formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo.

Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que han vegetado hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo.En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el Africa del Sur, se multiplican las organizaciones independientes del proletariado. Este se instruye y se educa manteniendo su lucha de clases, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa, adquiere una cohesión cada vez mayor, aprende a medir el alcance de sus éxitos, templa sus fuerzas y crece irresistiblemente.

DISCURSO ANTE LA TUMBA DE MARX / F. Engels


El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.

Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.

Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza idológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un sólo campo que Marx no sometiese a investigación -y éstos campos fueron muchos, y no se limitó a tocar de pasada ni uno sólo- incluyendo las matemáticas, en la que no hiciese descubrimientos originales. Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera Gaceta del Rin, 1842; Vorwärts* de París, 1844; Gaceta Alemana de Bruselas, 1847; Nueva Gaceta del Rin, 1848-1849; New York Tribune, 1852 a 1861, a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.


Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los repulicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.

ESCUELA DE FORMACIÓN 2009 / Introducción al Marxismo

INTRODUCCIÓN AL MARXISMO


VIDA Y OBRA DE CARLOS MARX

Marx nació en Tréveris, en la Renania alemana, el 5 de mayo de 1818 en el seno de una familia de ascendencia judía. Su padre que - había abandonado sus creencias y costumbres judías y se convirtió al protestantismo- ejercía de abogado y era leal a la autoridad del rey de Prusia, Federico Guillermo III, quien había planteado una abierta hostilidad hacia la comunidad judía y todo aquello que no fuera “alemán” tras la derrota de Napoleón. En este ambiente de censura y presión sobre las creencias de la familia creció Marx que terminó por rechazar cualquier forma de vida o institución religiosa, tal como lo expresó en el libro Sobre la cuestión judía (1844).

Durante su infancia estuvo acompañado por su vecino que le proporcionaba lecturas y charlas que Marx recordaría durante toda su vida. Aquel amigo sería más tarde su suegro ya que se casaría con su hija.

En la universidad

En su adolescencia ya destacaba por su inteligencia y su curiosidad intelectual. Su padre quiso que siguiera la carrera de derecho al igual que él, así que lo envió a Bonn, ciudad en la que tan sólo estuvo un año. Se trasladó a Berlín en cuya universidad se encontró con la nueva filosofía alemana que dominaba la casi totalidad de la vida universitaria: el hegelianismo. Se sintió tan fuertemente atraído por ese pensamiento que abandonó las clases de derecho. Junto a otros pensadores como L. Feuerbach, Max Stirner y Moses Hess interpretó el método dialéctico de Hegel, pero aplicándolo a condiciones materiales de la vida real de la humanidad. Tras las críticas al hegelianismo oficial, que era un movimiento reaccionario, algunos miembros de la universidad se dedicaron a desarrollar otra interpretación de la realidad a partir de la dialéctica de Hegel. Éstos eran llamados los “jóvenes hegelianos”.

Por aquel entonces, algunos burgueses radicales de Renania, que tenían puntos de contacto con aquellos hegelianos (también llamados hegelianos de izquierda), fundaron en Colonia un periódico de oposición: La Gaceta Renana (cuyo primer número salió el 1 de enero de 1842). Se propuso a Marx y a Bruno Bauer que fueran sus principales colaboradores; en octubre de 1842 Marx se convirtió en el redactor en jefe del periódico y se trasladó de Berlín a Colonia. Su trabajo en la Gaceta Renana (1842) le valieron muy pronto un enfrentamiento político muy serio con las autoridades prusianas. En esos artículos expresaba lo que ya sería su preocupación intelectual y vital a lo largo de su vida: las condiciones legales, laborales, sociales y económicas en las que vivían los campesinos del Mosela, los pobres que robaban madera podrida de los bosques circundantes y todos aquellos grupos marginados de la sociedad. Al Diario el gobierno lo sometió primero a una doble y luego a una triple censura, para decidir más tarde, el 1 de enero de 1843, cerrarlo definitivamente. Marx se vio obligado a dejar la redacción antes de esa fecha, sin que su salida lograse tampoco salvar el periódico, que dejó de publicarse en marzo de 1843.
En el París revolucionario

Entonces Marx emprende su camino de agitador político hacia un exilio definitivo fuera de su país; su primer destino fue París, la capital revolucionaria de los siglos XVIII y XIX. En París, bajo la dictadura tolerante de Luis Felipe, Marx fue configurando de un modo casi definitivo las grandes líneas de su pensamiento y de su acción revolucionaria.

En 1843 Karl Marx se casó con Jenny Von Westphalen en contra de los deseos de la mayoría de su familia. Con ella emigró a París. En esta ciudad conoció a Frederich Engels, un inglés hijo de un industrial que sería su amigo y compañero de luchas para el resto de su vida. Ambos pensadores colaboraron y se apoyaron en la construcción de todo una teoría económica, política y social que siglos después sigue despertando interés.

Las obras de aquella época revelan ya el sentido crítico de su obra pues de ellas se aprecia la crítica a todas las fuentes filosóficas anteriores. Parte de la crítica a la Filosofía del Derecho y de la Historia y del Estado de Hegel y se adentra en la crítica a la Economía Política inglesa con sus Manuscritos Filosóficos (1844). Sus lecturas de los economistas ingleses (Adam Smith y David Ricardo) y de los socialistas franceses (Proudhon, Saint-Simon, Fourier) le obligan a replantear su hegelianismo de modo ya definitivo y a tratar de elaborar un nuevo pensamiento del ser humano, de la sociedad y de la historia. Sus críticas a la filosofía idealista alemana de corte hegeliano como la Bruno Bauer son ya demoledoras (así lo escribe en La Sagrada Familia,1845) y su rechazo radical de toda forma de socialismo romántico es patente en su obra La miseria de la filosofía (1847). Esta obra es una crítica al pensamiento de Proudhon. Que escribió una obra con el título La filosofía de la miseria. La construcción de nueva teoría de la historia y de la sociedad tiene ya como único objetivo para Marx la revolución social y el cambio del orden capitalista.
Algo más que un amigo... acerca de Frederich Engels




Friedrich Engels nace el 28 de noviembre de 1820 en Barmen (Inglaterra), donde su padre posee una fábrica textil. Cursa sus estudios en Barmen y Eberfeld y luego pasa dos años en Manchester donde observa la miseria de la clase obrera, que describe en “La situación de las clases trabajadoras en Inglaterra” (1845). Sus análisis se unen a los de Karl Marx, al que conoce en París en agosto de 1844, participando en el “Manifiesto Comunista” (1848).

Su empleo en Manchester, en una empresa financiada por su padre, le permite ayudar materialmente a Marx. Participa en los trabajos de la Primera Internacional y publica una serie de obras como el “Anti-Duhring”, donde critica los puntos de vista del profesor Karl Eugen Duhring y constituye una exposición sistemática de los problemas filosóficos y científicos que Marx no había tratado. En “La dialéctica de la naturaleza” (1873 y 1886, inacabada y publicada en la URSS en 1925), Engels aún lleva más lejos la generalización filosófica. De los resultados de las ciencias naturales, extrae la afirmación de que la naturaleza obedece a las leyes dialécticas. El materialismo dialéctico se convertía en una concepción total del mundo, sobre la que cabe la pregunta de hasta qué punto permanecía fiel a la idea marxista del “fin de la filosofía”.

A la muerte de Marx, en 1883, Engels le sustituye en su papel teórico y político. Publica el segundo y tercer libro de “El Capital”. Desempeña un papel muy importante en la dirección de la Segunda Internacional. En “El origen de la familia, la propiedad privada y del Estado” (1884) utilizó los trabajos del antropólogo Lewis Morgan para desarrollar la concepción materialista de la preshistoria y la teoría marxista del Estado. Muere el 5 de agosto de 1895.
El Manifiesto Comunista
En 1845, por el insistente pedido del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso. Se trasladó a Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se incorporaron a una sociedad secreta de propaganda, llamada la Liga de los Comunistas, en la cual en su II Congreso (noviembre de 1847, en Londres) tuvieron destacada participación y por encargo del cual escribieron el famoso Manifiesto del Partido Comunista, que apareció en febrero de 1848. El Manifiesto comunista ha sido el libro más leído por todos los revolucionarios del siglo XIX y XX. En ese libro se hallan escritas de forma sencilla las ideas fundamentales que han alimentado las esperanzas de millones de seres humanos hasta hoy. Marx vio en las revoluciones de 1848, que se extendieron por toda Europa, el signo de una victoria final sobre el capitalismo que llevarían a la implantación de sus ideales sociales en todo el mundo. Sin embargo la realidad fue otra y tras el fracaso de las revoluciones de París y Alemania Marx experimenta cambios importantes en su visión de cómo se va a realizar el cambio del capitalismo a una sociedad igualitaria.

En Londres, la capital de la industrialización

En 1849 marchó a Londres, capital de un imperio industrial y financiero y de una época regida por la moral victoriana, conservadora y burguesa. Allí vivió aislado del ambiente intelectual inglés rodeado por su familia, en medio de graves penurias económicas y de diversas enfermedades que únicamente la inquebrantable amistad y el soporte económico de Engels conseguían aliviar. Durante su estancia en la capital británica era conocido por sus largas visitas al Museo Británico, donde leía multitud de libros y perfeccionaba su comprensión del inglés. Colaboró en revistas y periódicos de diferentes países, sobre todo en el New Herald York Tribune, y tuvo intención de emigrar hacia Estados Unidos pero no lo pudo hacer. En Londres, con la ayuda de Engels, forjó sus obras más completas del materialismo histórico y dialéctico, que nunca fueron un tratado sistemático ni un dogma cerrado de interpretación de la realidad. En 1859 apareció su obra Contribución a la Crítica de la Economía Política y en 1867 el primer volumen de El Capital, en el que ya aparece la síntesis marxista que recoge todas las aportaciones anteriores (economía inglesa, materialismo francés y alemán, dialéctica hegeliana, socialismo...), pero fundidas en un nuevo modo de comprender la naturaleza y la historia: el materialismo histórico, una nueva forma de comprender la historia de la Humanidad. Los siguientes volúmenes de El Capital (segundo y tercero) no pudieron ser publicados durante su vida y son obras póstumas. Sus restantes obras del período londinense muestran un Marx sumamente interesado por la historia y por la sociología. Así escribió el 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852), La Guerra Civil en Francia (1871) y Crítica al Programa de Gotha (1875). En este período participa como impulsor en la organización de la Asociación Internacional de Trabajadores (1864), conocida más popularmente como La Internacional. Los últimos años de la vida de Marx, trascurrieron con sesiones de trabajo junto a Engels, paseos con su familia los fines de semana, atención a las cartas de numerosos revolucionarios del mundo o aprendiendo ruso.
Sus últimos años fueron tortuosos debido a la pobreza y la enfermedad que le minaba las fuerzas para escribir la obra que Marx consideraba más importante: El Capital.

Murió en el año 1883, tras haber realizado una obra teórica y revolucionaria de las más importantes de su siglo.