viernes, 3 de febrero de 2012
NOSOTROS RECORDAMOS LA DICTADURA DE MORALES BERMUDEZ
Nosotros no olvidamos al dictador Morales Bermudez. Que se haga justicia en memoria a los muertos y desparecidos, entre ellos nuestro camarada Jesús Alberto Paéz.
domingo, 15 de enero de 2012
El primer encuentro de Arguedas con la capital peruana
José María Arguedas y la ciudad de Lima nacieron el mismo día: 18 de enero. Aunque en años distintos, ambos están unidos por un cordón artificial y comunicacional. De sus 58 años de vida, Arguedas pasó 44 en una capital que le dio las herramientas científicas y metodológicas para entender el Ande y el Perú en su complejidad. Su primer encuentro con Lima fue en 1919 y marcó el inicio de la confrontación entre su cosmovisión andina y la costeña.
Larga travesía hacia la costa
Luego de una prolongada licencia a causa del paludismo que padeció su padre Víctor Manuel, este queda cesante en el Poder Judicial y en febrero de 1919 toda la familia viaja por breve tiempo a Lima. El testimonio de Arguedas es claro: “En 1919 vine a Lima por el puerto de Lomas a donde hicimos viaje a caballo en 6 días. Vine en el ‘Urubamba’. Conocí el mar, de noche”. (1) Posteriormente, en su novela “Yawar fiesta” (1941), describiría con más detalle el largo recorrido y los riesgos mortales: “Por el Kondorsenk’a había que subir para ir a Lima, por esa cumbre azul que se levantaba, lejos, en el comienzo de la quebrada (…) había una pampa grande, donde se morían, de regreso, los comuneros que llevaban ‘enganchados’ a la costa; Galeras Pampa, donde caía la lluvia, negra, entre truenos y sonando como un repunte sobre las cumbres”. La travesía hecha por la familia Arguedas fue muy compleja; recién en 1926 los comuneros de Puquio realizaron el trazado de la carretera Puquio-Nazca, conectando así la sierra sur con la costa, con todas sus implicancias comerciales y culturales.
La Lima que vio Arguedas
El arribo de los Arguedas coincide con un complejo panorama mundial; LA PRIMERA Guerra mundial (1914-1918) había convulsionado al mundo capitalista y la Revolución Mexicana (1910-1920) aún marcaba al continente; sin radio, noticieros cinematográficos ni mucho menos televisión, los habitantes de las urbes peruanas seguían cada paso de los conflictos bélicos por los periódicos de la época. Pero el contexto internacional se volvía más complejo; la Revolución Rusa de octubre (1917) señalaba nuevos derroteros en la lucha por la emancipación de los trabajadores. Las noticias llegadas a Lima daban cuenta de un colapso político en Rusia y la caída del zarismo en manos de “los bolsheviques” liderados por “Lenine”. La mayoría de limeños no alcanzaba a comprender la naturaleza del fenómeno que tenían ante sus ojos, y pronto adjudicarían a su influencia el descontento social y la protesta obrera que tronaba ya en el verbo radical y anarquista de los primeros activistas sindicales entre los que brillaban Carlos Barba, Delfín Lévano y Nicolás Gutarra.
José María fue observador involuntario de las jugadas políticas que afectaban su entorno. Augusto B. Leguía derrocaba en 1919 a José Pardo. Su padre, quien simpatizaba con el depuesto presidente, no fue ratificado en su cargo de juez, dedicándose entonces a ser abogado litigante; ello tendría un efecto gravitante en la vida familiar. Con el fin de la llamada “República Aristocrática”, técnicamente su madrastra Grimanesa Arangoitia dejaba de estar casada con una autoridad.
El conservadurismo limeño era confrontado con frívolos espectáculos de bailarinas, corridas de toros en la Plaza de Acho o merodeando por el Jirón de la Unión, la Botica Francesa y el Jardín Estrasburgo. Al célebre Palais Concert acudían desde tempranas horas José Carlos Mariátegui, Federico More, Pablo Abril de Vivero y un Abraham Valdelomar a quien se le adjudica la frase: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert, soy yo”
Desde inicios del siglo XX la costa asentaba su hegemonía sobre el resto el país y Lima hace lo mismo con un centralismo agobiante; de los cuatro millones 900 mil peruanos registrados en 1920, apenas 200 mil residían en la capital. Pero las luchas sociales no se hicieron esperar y Lima sentía la conmoción de un paro nacional que dejó a oscuras la ciudad, en demanda de mejores condiciones laborales. Tras arduas negociaciones entre el Poder Ejecutivo y los trabajadores sindicalizados, el 15 de enero de 1919 se estableció la jornada laboral de ocho horas; los obreros salieron a las calles de Lima festejando la conquista de la clase trabajadora. En todo momento, las luchas contaron con la colaboración de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), quien impulsara la Reforma Universitaria en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Desnaturalización limeña contra cosmovisión andina
Todo ello, al menos en ese momento, le fue ajeno al niño José María, quien desde temprana edad hizo suyos la lengua y cosmovisión andina; las canciones en quechua que lo arrullaban cuando niño eran contrastadas con una realidad muy extraña y parecida a la vez.
“Cuando visité Lima por primera vez en 1919, las mulas que arrastraban carretas de carga se caían, a veces, en las calles, fatigadas y heridas por los carreteros que les hincaban con púas sobre las llagas que les habían abierto en las ancas; un ‘serrano’ era inmediatamente reconocido y mirado con curiosidad o desdén; eran observados como gente bastante extraña y desconocida, no como ciudadanos o compatriotas. En la mayoría de los pequeños pueblos andinos no se conocía siquiera el significado de la palabra Perú. Los analfabetos se quitaban el sombrero cuando era izada la bandera, como ante un símbolo que debía respetarse por causas misteriosas, pues un faltamiento hacia él podría traer consecuencias devastadoras. ¿Era un país que conocí en la infancia y aún en la adolescencia? Sí, lo era. Y tan cautivante como el actual. No era una nación” (2).
Este testimonio reconoce que el Estado criollo peruano no realizó mayores intentos por incorporarse al resto del país; por el contrario, definió su propia identidad sobre el supuesto de que la Nación era el “mundo oficial” de las ciudades y que los pueblos del Ande representaban una marginalidad intrascendente, a la que, tarde o temprano, el desarrollo de la civilización haría desaparecer.
El maltrato a los animales
Este primer encuentro de Arguedas con Lima se caracterizó por la aversión al cruel trato a los animales. Algunos años después recordará: “Cuando fui a Lima, LA PRIMERA vez, sufría por el maltrato de los animales. No había camiones, pero sí carros de carreta. Había coches y costaba igual tomar un coche que un automóvil de carrera. Pero todo el transporte de carga se hacía en carretas. Había algunos carreteros sumamente crueles porque tenían frecuentemente mulas muy cansadas y les hacían una herida donde les hincaban con el palo y me acuerdo que una vez en la esquina de la calle Amazonas uno de esos carreteros le pinchó tanto que por el dolor el animal se arrodilló” (3). Estos recuerdos los plasmarán en su cuento “Warma kuyay” (1935) donde el personaje de Ernesto abrazaba, lloraba y pedía perdón a los animales que el indio de nombre Kutu azotaba a manera de desquite por la violación a la india Justina. En “Los Escoleros”, de ese mismo año, Juan, quien es hijo de un abogado que se identifica con los indios, abraza el cuerpo muerto de una vaca y llora inconsolablemente. En “El Barranco” (escrito en 1938 y publicado en 1939) son los animales quienes asumirán un rol protagónico.
Arguedas testimonia la forma “desnaturalizada” en que el limeño trataba a los animales; desde su cosmovisión andina, lo “natural” implicaba una convivencia armoniosa entre el ser humano, los animales y la geografía, donde todos participan en la gran fiesta que es la vida.
Comparando vicios
El contacto de la familia Arguedas con la capital fue aprovechado para que Arístides, el hermano mayor, iniciara estudios en el Colegio Guadalupe. Arguedas también comprobará que los señores poderosos de la urbe eran tan déspotas y abusivos como los hacendados de Puquio y su natal Andahuaylas; ni en la ciudad los indígenas se librarían de su destino. Lima fue tan glorificada por su padre que vino a pasar sus últimos días como juez en la capital, un remedo grotesco de lo que acontecía entre patrones y siervos en el campo. Si la sierra albergaba las materias primas para generar ganancia económica en el país, Lima era la ciudad que centralizaba el confort, la cultura originada de la modernidad y un referente importante de tecnología, concentración de conocimiento y riqueza. En “Yawar fiesta”, Arguedas presentará una urbe generadora de fascinación: “¡Llegar a Lima, ver, aunque fuera por un día, el palacio, las tiendas de comercio, los autos que se lanzaban por las calles, los tranvías que hacían temblar el suelo, y después regresar! Esa era la mayor ambición de los lucaninos.” (4)
A diferencia de los indígenas, Arguedas formaba parte de los “privilegiados” con la oportunidad de viajar a ese “mundo exterior” y “civilizado” llamado Lima: “Sólo los principales iban a Lima con frecuencia; los ganaderos, los comerciantes, los hacendados, los dueños de minas, las autoridades, el juez, el agente fiscal, el cura. Regresaban de dos, de tres meses, con ropa extranjera nueva,; trayendo pelotas de jebe, trencitos, bicicletas, sombreritos azules para sus niños, los uña werak’ochas” (5)
La sociedad de “clases- castas” existentes desde tiempos coloniales será un rezago durante la República y profundizará un Estado instaurador de alianzas entre los terratenientes y capitalinos. Ya para entonces Arguedas palpaba la sensación de marginalidad entre el mundo indígena y “misti” -sin pertenecer realmente a ninguno. A partir de ese momento veremos si sus primeras experiencias en Lima agudizaron o no sus síntomas depresivos y contribuyeron a forjar su obra, marcada por la nostalgia, la marginalidad y la ambivalencia.
--------------------------
(1) Pinilla, Carmen María. Apuntes inéditos: Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2007
(2) Arguedas, José María. Perú Vivo. Ed. Juan Mejía Baca. Lima, 1966
(3) Testimonio de Arguedas hecho a Sara Castro Klarén. Aparecido en Vargas Llosa, Mario. “La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo” Ed. Santillana 2008
(4) Arguedas, José María Yawar Fiesta. Obras Completas, tomo III Editorial Horizonte. Lima, 1983
(5) Ibid.
Ernesto Toledo Brückmann
Colaborador
jueves, 5 de enero de 2012
El Código Moral del Constructor del Comunismo (1961)
domingo, 20 de diciembre de 2009
Vigésimo aniversario de la invasión yanqui de Panamá

Paco Azanza Telletxiki
Rebelión
La aguja del sismógrafo del instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, registró la explosión de la primera bomba a las 12 horas, 46 minutos y 40,3 segundos; era el 20 de diciembre de 1989 y con ella se iniciaba la invasión estadounidense. Cuatro minutos después, las explosiones registradas ascendían a 68. Trece horas estuvo funcionando el sismógrafo desde el inicio de la agresión hasta que, debido a la violencia de ésta, se averió. En todo ese tiempo, sólo en la capital panameña, llegaron a caer 422 bombas, lo que equivale a una por cada dos minutos.
El estúpido pretexto utilizado por el gobierno yanqui, para justificar la invasión a Panamá con más de 20.000 de sus soldados y derrocar a Manuel Antonio Noriega –apoyado años atrás por los propios Estados Unidos-, fue que éste estaba vinculado al narcotráfico internacional. En realidad Noriega, quien también estuvo en la nómina de la CIA –su ex director Furner dijo que lo había excluido en 1976, pero el vicepresidente Bush volvió a integrarlo y utilizarlo en 1981 para infiltrar redes de inteligencia en Cuba y Nicaragua-, se estaba volviendo demasiado independiente como para ligar sin problemas con los intereses del imperio.
La de Panamá fue una de las más de cien intervenciones armadas que el imperialismo yanqui ha llevado a cabo en América Latina y el Caribe, siempre con el perverso propósito de instalar gobiernos que les faciliten el saqueo de los recursos nacionales.
Se estima que, a resultas de la sangrienta intervención, entre 3.000 y 5.000 panameños fueron exterminados.
http://baragua.wordpress.com/
Rebelión ha publicado este artículo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 1 de octubre de 2009
IMÁGENES DE LOS 60 AÑOS DE LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA POPULAR CHINA








El camarada Hu Jintao ha dicho en el discurso central que "los 60 años de desarrollo de la república han probado que sólo el socialismo puede salvar el país y que sólo la política de reformas y apertura es capaz de asegurar el desarrollo de China"
Ha subrayado que "el pueblo chino es capaz de construir su propio país y de contribuir al desarrollo internacional"
domingo, 16 de agosto de 2009
Picasso Comunista
En 1944, la adhesión del artista al Partido Comunista francés levantó olas que llevaron incluso a desmerecer sus obras de ese período. La exhibición Picasso: Peace and Freedom busca, según su director, “que el público se haga su propia opinión”.
Retrato de Stalin hecho por Picasso
Por Jonathan Brown
El 4 de octubre de 1944, menos de seis semanas después de la liberación de París –donde se había exiliado– Pablo Picasso sorprendió al mundo con su anuncio de que se unía al Partido Comunista francés. Su alistamiento en la causa era un golpe increíble para Moscú, una movida que dividió a los expertos en arte y política para siempre. Algunos cínicos dudaron de sus convicciones y alegaron que era sólo un mero exponente de las visiones de moda expuestas en los círculos intelectuales de izquierda en los que él se movía. Otros supusieron que su arte nunca recobraría su vieja gloria, mientras el hombre se encontraba enredado en la cada vez más amarga batalla de propaganda de la Guerra Fría.
Ahora, el público tendrá la oportunidad de hacerse su propia opinión sobre el prolongado Período Rojo de Picasso como miembro del Partido Comunista, una relación que sobrevivió al levantamiento húngaro y la Primavera de Praga, y que el artista mantuvo con fidelidad hasta su muerte en 1973. Una gran exhibición que incluye más de 150 trabajos del pintor español abrirá el año próximo en la Tate de Liverpool, en un intento de arrojar nueva luz en un capítulo controvertido de una carrera extraordinariamente productiva. Entre las estrellas de la muestra estará su monumental The Charnel House, que no ha sido vista en Inglaterra en más de medio siglo, inspirada en las imágenes de campos de concentración liberados. La exhibición, montada en colaboración con el museo Albertina de Viena, presentará La violación de las sabinas, recreación del célebre Rapto de las Sabinas creada en el pico de la crisis de los misiles cubanos en 1962. En la muestra también habrá ejemplos y bocetos de la paloma de la paz que se convertiría en el instantáneamente reconocible símbolo del movimiento mundial por la paz.
Picasso: Peace and Freedom (Picasso: Paz y Libertad), que sucede a la exitosa exhibición de 2008 sobre Gustav Klimt, es el resultado de años de planeamiento y una exhaustiva investigación que llevó a los expertos al Picasso Institute en París, donde se conserva buena parte de la correspondencia del artista. Christoph Grunenberg, director de la Tate Liverpool, tiene la esperanza de que a partir de esta muestra el público pueda tener una apreciación más sutil del artista en los años posteriores a 1945. “Es mirar a Picasso durante la Guerra Fría, alejarse de su mito como genio creativo y playboy con un compulsivo talento expresivo, para tener una visión con más matices”, señala el director. “La gente ha tratado de desmerecer su compromiso político, pero él fue miembro activo y completo del partido, y estaba claramente involucrado en el movimiento pacifista”, agrega.
Una de las cosas que resultaba curiosa de la asociación entre Picasso y los comunistas era que el partido adoptaba oficialmente la escuela de realismo social, en oposición oficial al movimiento moderno del cual el “decadente” Picasso era quizá el mayor exponente. Pero su largo exilio de la España natal por su oposición al régimen del general Franco, combinado con las brutales experiencias de la vida durante la ocupación nazi de París, llevaron a que viera al comunismo como un ideal de paz y la llave para un mundo libre de fascismo. En el momento, su decisión desató toda una serie de consecuencias. Hubo protestas de grupos de derecha en sus exhibiciones y se le prohibió la entrada a Estados Unidos. Pero el artista comenzó a viajar por todo el mundo, presentándose en conferencias públicas por primera vez y realizando donaciones a causas varias, incluyendo el regalo de un millón de francos a los mineros de carbón franceses en huelga. Se unió a protestas contra la Guerra de Corea y la ejecución de Nikos Beloyannis, comunista griego y líder de la resistencia.
LA BARBARIE DIBUJADA - Diario La República

A conquistar bases de apoyo perlaschallay
Por los campesinos pobres perlaschallay
(Canto subversivo adolescente, 1984).


















