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viernes, 3 de febrero de 2012

NOSOTROS RECORDAMOS LA DICTADURA DE MORALES BERMUDEZ





Nosotros no olvidamos al dictador Morales Bermudez. Que se haga justicia en memoria a los muertos y desparecidos, entre ellos nuestro camarada Jesús Alberto Paéz.

domingo, 15 de enero de 2012

El primer encuentro de Arguedas con la capital peruana

 Extraído del Diario La Primera 11/01/2012


José María Arguedas y la ciudad de Lima nacieron el mismo día: 18 de enero. Aunque en años distintos, ambos están unidos por un cordón artificial y comunicacional. De sus 58 años de vida, Arguedas pasó 44 en una capital que le dio las herramientas científicas y metodológicas para entender el Ande y el Perú en su complejidad. Su primer encuentro con Lima fue en 1919 y marcó el inicio de la confrontación entre su cosmovisión andina y la costeña.

Larga travesía hacia la costa
Luego de una prolongada licencia a causa del paludismo que padeció su padre Víctor Manuel, este queda cesante en el Poder Judicial y en febrero de 1919 toda la familia viaja por breve tiempo a Lima. El testimonio de Arguedas es claro: “En 1919 vine a Lima por el puerto de Lomas a donde hicimos viaje a caballo en 6 días. Vine en el ‘Urubamba’. Conocí el mar, de noche”. (1) Posteriormente, en su novela “Yawar fiesta” (1941), describiría con más detalle el largo recorrido y los riesgos mortales: “Por el Kondorsenk’a había que subir para ir a Lima, por esa cumbre azul que se levantaba, lejos, en el comienzo de la quebrada (…) había una pampa grande, donde se morían, de regreso, los comuneros que llevaban ‘enganchados’ a la costa; Galeras Pampa, donde caía la lluvia, negra, entre truenos y sonando como un repunte sobre las cumbres”. La travesía hecha por la familia Arguedas fue muy compleja; recién en 1926 los comuneros de Puquio realizaron el trazado de la carretera Puquio-Nazca, conectando así la sierra sur con la costa, con todas sus implicancias comerciales y culturales.

La Lima que vio Arguedas
El arribo de los Arguedas coincide con un complejo panorama mundial; LA PRIMERA Guerra mundial (1914-1918) había convulsionado al mundo capitalista y la Revolución Mexicana (1910-1920) aún marcaba al continente; sin radio, noticieros cinematográficos ni mucho menos televisión, los habitantes de las urbes peruanas seguían cada paso de los conflictos bélicos por los periódicos de la época. Pero el contexto internacional se volvía más complejo; la Revolución Rusa de octubre (1917) señalaba nuevos derroteros en la lucha por la emancipación de los trabajadores. Las noticias llegadas a Lima daban cuenta de un colapso político en Rusia y la caída del zarismo en manos de “los bolsheviques” liderados por “Lenine”. La mayoría de limeños no alcanzaba a comprender la naturaleza del fenómeno que tenían ante sus ojos, y pronto adjudicarían a su influencia el descontento social y la protesta obrera que tronaba ya en el verbo radical y anarquista de los primeros activistas sindicales entre los que brillaban Carlos Barba, Delfín Lévano y Nicolás Gutarra.

José María fue observador involuntario de las jugadas políticas que afectaban su entorno. Augusto B. Leguía derrocaba en 1919 a José Pardo. Su padre, quien simpatizaba con el depuesto presidente, no fue ratificado en su cargo de juez, dedicándose entonces a ser abogado litigante; ello tendría un efecto gravitante en la vida familiar. Con el fin de la llamada “República Aristocrática”, técnicamente su madrastra Grimanesa Arangoitia dejaba de estar casada con una autoridad.

El conservadurismo limeño era confrontado con frívolos espectáculos de bailarinas, corridas de toros en la Plaza de Acho o merodeando por el Jirón de la Unión, la Botica Francesa y el Jardín Estrasburgo. Al célebre Palais Concert acudían desde tempranas horas José Carlos Mariátegui, Federico More, Pablo Abril de Vivero y un Abraham Valdelomar a quien se le adjudica la frase: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert, soy yo”

Desde inicios del siglo XX la costa asentaba su hegemonía sobre el resto el país y Lima hace lo mismo con un centralismo agobiante; de los cuatro millones 900 mil peruanos registrados en 1920, apenas 200 mil residían en la capital. Pero las luchas sociales no se hicieron esperar y Lima sentía la conmoción de un paro nacional que dejó a oscuras la ciudad, en demanda de mejores condiciones laborales. Tras arduas negociaciones entre el Poder Ejecutivo y los trabajadores sindicalizados, el 15 de enero de 1919 se estableció la jornada laboral de ocho horas; los obreros salieron a las calles de Lima festejando la conquista de la clase trabajadora. En todo momento, las luchas contaron con la colaboración de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), quien impulsara la Reforma Universitaria en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Desnaturalización limeña contra cosmovisión andina
Todo ello, al menos en ese momento, le fue ajeno al niño José María, quien desde temprana edad hizo suyos la lengua y cosmovisión andina; las canciones en quechua que lo arrullaban cuando niño eran contrastadas con una realidad muy extraña y parecida a la vez.

“Cuando visité Lima por primera vez en 1919, las mulas que arrastraban carretas de carga se caían, a veces, en las calles, fatigadas y heridas por los carreteros que les hincaban con púas sobre las llagas que les habían abierto en las ancas; un ‘serrano’ era inmediatamente reconocido y mirado con curiosidad o desdén; eran observados como gente bastante extraña y desconocida, no como ciudadanos o compatriotas. En la mayoría de los pequeños pueblos andinos no se conocía siquiera el significado de la palabra Perú. Los analfabetos se quitaban el sombrero cuando era izada la bandera, como ante un símbolo que debía respetarse por causas misteriosas, pues un faltamiento hacia él podría traer consecuencias devastadoras. ¿Era un país que conocí en la infancia y aún en la adolescencia? Sí, lo era. Y tan cautivante como el actual. No era una nación” (2).

Este testimonio reconoce que el Estado criollo peruano no realizó mayores intentos por incorporarse al resto del país; por el contrario, definió su propia identidad sobre el supuesto de que la Nación era el “mundo oficial” de las ciudades y que los pueblos del Ande representaban una marginalidad intrascendente, a la que, tarde o temprano, el desarrollo de la civilización haría desaparecer.

El maltrato a los animales
Este primer encuentro de Arguedas con Lima se caracterizó por la aversión al cruel trato a los animales. Algunos años después recordará: “Cuando fui a Lima, LA PRIMERA vez, sufría por el maltrato de los animales. No había camiones, pero sí carros de carreta. Había coches y costaba igual tomar un coche que un automóvil de carrera. Pero todo el transporte de carga se hacía en carretas. Había algunos carreteros sumamente crueles porque tenían frecuentemente mulas muy cansadas y les hacían una herida donde les hincaban con el palo y me acuerdo que una vez en la esquina de la calle Amazonas uno de esos carreteros le pinchó tanto que por el dolor el animal se arrodilló” (3). Estos recuerdos los plasmarán en su cuento “Warma kuyay” (1935) donde el personaje de Ernesto abrazaba, lloraba y pedía perdón a los animales que el indio de nombre Kutu azotaba a manera de desquite por la violación a la india Justina. En “Los Escoleros”, de ese mismo año, Juan, quien es hijo de un abogado que se identifica con los indios, abraza el cuerpo muerto de una vaca y llora inconsolablemente. En “El Barranco” (escrito en 1938 y publicado en 1939) son los animales quienes asumirán un rol protagónico.

Arguedas testimonia la forma “desnaturalizada” en que el limeño trataba a los animales; desde su cosmovisión andina, lo “natural” implicaba una convivencia armoniosa entre el ser humano, los animales y la geografía, donde todos participan en la gran fiesta que es la vida.

Comparando vicios
El contacto de la familia Arguedas con la capital fue aprovechado para que Arístides, el hermano mayor, iniciara estudios en el Colegio Guadalupe. Arguedas también comprobará que los señores poderosos de la urbe eran tan déspotas y abusivos como los hacendados de Puquio y su natal Andahuaylas; ni en la ciudad los indígenas se librarían de su destino. Lima fue tan glorificada por su padre que vino a pasar sus últimos días como juez en la capital, un remedo grotesco de lo que acontecía entre patrones y siervos en el campo. Si la sierra albergaba las materias primas para generar ganancia económica en el país, Lima era la ciudad que centralizaba el confort, la cultura originada de la modernidad y un referente importante de tecnología, concentración de conocimiento y riqueza. En “Yawar fiesta”, Arguedas presentará una urbe generadora de fascinación: “¡Llegar a Lima, ver, aunque fuera por un día, el palacio, las tiendas de comercio, los autos que se lanzaban por las calles, los tranvías que hacían temblar el suelo, y después regresar! Esa era la mayor ambición de los lucaninos.” (4)

A diferencia de los indígenas, Arguedas formaba parte de los “privilegiados” con la oportunidad de viajar a ese “mundo exterior” y “civilizado” llamado Lima: “Sólo los principales iban a Lima con frecuencia; los ganaderos, los comerciantes, los hacendados, los dueños de minas, las autoridades, el juez, el agente fiscal, el cura. Regresaban de dos, de tres meses, con ropa extranjera nueva,; trayendo pelotas de jebe, trencitos, bicicletas, sombreritos azules para sus niños, los uña werak’ochas” (5)

La sociedad de “clases- castas” existentes desde tiempos coloniales será un rezago durante la República y profundizará un Estado instaurador de alianzas entre los terratenientes y capitalinos. Ya para entonces Arguedas palpaba la sensación de marginalidad entre el mundo indígena y “misti” -sin pertenecer realmente a ninguno. A partir de ese momento veremos si sus primeras experiencias en Lima agudizaron o no sus síntomas depresivos y contribuyeron a forjar su obra, marcada por la nostalgia, la marginalidad y la ambivalencia.

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(1) Pinilla, Carmen María. Apuntes inéditos: Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2007

(2) Arguedas, José María. Perú Vivo. Ed. Juan Mejía Baca. Lima, 1966

(3) Testimonio de Arguedas hecho a Sara Castro Klarén. Aparecido en Vargas Llosa, Mario. “La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo” Ed. Santillana 2008

(4) Arguedas, José María Yawar Fiesta. Obras Completas, tomo III Editorial Horizonte. Lima, 1983

(5) Ibid. 



Ernesto Toledo Brückmann 
Colaborador

jueves, 5 de enero de 2012

El Código Moral del Constructor del Comunismo (1961)

El Código Moral del Constructor del Comunismo (1961)

En octubre de 1961 se celebró en Moscú el XXII Congreso del PCUS con más de 4000 delegados. En dicho Congreso, además de aprobarse el informe del Comité Central, el tercer programa del PCUS, y la elección de miembros para los órganos centrales; se aprueba la publicación del "Código Moral del Constructor del Comunismo".

En la portada del texto, aparece a la izquierda la leyenda "Código Moral del Constructor del Comunismo", y a la derecha una cita de Leonid Brezhnev (que en aquel momento presidía el Soviet Supremo), que dice así:

"Nada eleva tanto al individuo como una posición activa en la vida, una actitud consciente de los deberes públicos, cuando la unidad de palabra y de hecho es la norma diaria de conducta".


Con el Código se pretenden representar los valores del comunismo y de la rica sociedad construida por los pueblos y trabajadores sovieticos, y subrayar la necesidad de seguirlos para continuar haciendo de la Union Soviética la patria de los trabajadores del mundo entero, además de la primera potencia mundial (todavia lo era) industrial, social y tecnológica.

Como comprobaremos, se trata de una serie de principios que escasean en los regímenes capitalistas, donde la defensa de los intereses privados de unos cuantos parásitos que viven del trabajo de otros son los principales objetivos del sistema, en el cual la defensa del interes colectivo está subyugada al egoismo y la ambición de especuladores, arribistas y otras sanguijuelas que por medio del saqueo de los medios de produccion y su producto son la clase dominante y privilegiada.

Igualmente, la amistad entre los pueblos y la defensa de su soberanía nacional y cultural se echa de menos en estos tiempos donde los criminales capitalistas han demostrado con creces que la única manera de que un pueblo sea libre y controle su propia riqueza es por la fuerza y con el desarrollo de un poderoso ejército y armamento persuasivo.

Veamos los 12 puntos del Código Moral del "Constructor del Comunismo", que contrastan radicalmente con la desverguenza, desigualdad y delincuencia económica que caracteriza la dictadura cada vez ma global que hoy sufrimos:

1-La lealtad a la causa comunista, el amor de la patria socialista, los países socialistas:


2.- Concienzudo trabajo para el beneficio de la sociedad, quien no trabaja no come:



3.- Todo el mundo debe preocuparse por la preservación y el crecimiento del dominio público:



4.- Alto sentido del deber público, intolerancia al desinterés público:



5.- El colectivismo y la ayuda mutua. La camaradería es: uno para todos y todos para uno:


6.- Las relaciones humanas y el respeto mutuo entre las personas: el hombre es un amigo, compañero y hermano para el hombre:



7.- La honestidad y la veracidad, la pureza moral, sencillez y modestia en la vida pública y privada:


8.- El respeto mutuo en la familia. Preocupación por la educación de los niños:


9.- Actitud intransigente ante la injusticia, el parasitismo, la deshonestidad, el arribismo, y la especulación:


10.- Amistad y hermandad entre todos los pueblos de la URSS. Intolerancia del odio nacional y racial. la URSS. Intolerancia del odio nacional y racial:



11.- Intolerancia hacia los enemigos del comunismo. Paz y la libertad de las naciones:


12.-Solidaridad fraterna con los trabajadores de todos los países, con todas las naciones:


  

Extraído de "Un vallekano en Rumanía"

domingo, 20 de diciembre de 2009

Vigésimo aniversario de la invasión yanqui de Panamá



Paco Azanza Telletxiki
Rebelión


La aguja del sismógrafo del instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, registró la explosión de la primera bomba a las 12 horas, 46 minutos y 40,3 segundos; era el 20 de diciembre de 1989 y con ella se iniciaba la invasión estadounidense. Cuatro minutos después, las explosiones registradas ascendían a 68. Trece horas estuvo funcionando el sismógrafo desde el inicio de la agresión hasta que, debido a la violencia de ésta, se averió. En todo ese tiempo, sólo en la capital panameña, llegaron a caer 422 bombas, lo que equivale a una por cada dos minutos.

El estúpido pretexto utilizado por el gobierno yanqui, para justificar la invasión a Panamá con más de 20.000 de sus soldados y derrocar a Manuel Antonio Noriega –apoyado años atrás por los propios Estados Unidos-, fue que éste estaba vinculado al narcotráfico internacional. En realidad Noriega, quien también estuvo en la nómina de la CIA –su ex director Furner dijo que lo había excluido en 1976, pero el vicepresidente Bush volvió a integrarlo y utilizarlo en 1981 para infiltrar redes de inteligencia en Cuba y Nicaragua-, se estaba volviendo demasiado independiente como para ligar sin problemas con los intereses del imperio.

La de Panamá fue una de las más de cien intervenciones armadas que el imperialismo yanqui ha llevado a cabo en América Latina y el Caribe, siempre con el perverso propósito de instalar gobiernos que les faciliten el saqueo de los recursos nacionales.

Se estima que, a resultas de la sangrienta intervención, entre 3.000 y 5.000 panameños fueron exterminados.

http://baragua.wordpress.com/

Rebelión ha publicado este artículo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.









jueves, 1 de octubre de 2009

IMÁGENES DE LOS 60 AÑOS DE LA PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA POPULAR CHINA






































El camarada Hu Jintao ha dicho en el discurso central que "los 60 años de desarrollo de la república han probado que sólo el socialismo puede salvar el país y que sólo la política de reformas y apertura es capaz de asegurar el desarrollo de China"

Ha subrayado que "el pueblo chino es capaz de construir su propio país y de contribuir al desarrollo internacional"
Ver los vídeos del gigantesco desfile revolucionario que los medios imperialistas intentan ocultar y deformarParte 1.-http://spanish. peopledaily. com.cn//31616/ 6774806.html

domingo, 16 de agosto de 2009

Picasso Comunista

LA TATE DE LIVERPOOL PREPARA UNA MUESTRA INTEGRAL PARA 2010

En 1944, la adhesión del artista al Partido Comunista francés levantó olas que llevaron incluso a desmerecer sus obras de ese período. La exhibición Picasso: Peace and Freedom busca, según su director, “que el público se haga su propia opinión”.

Retrato de Stalin hecho por Picasso

Por Jonathan Brown

El 4 de octubre de 1944, menos de seis semanas después de la liberación de París –donde se había exiliado– Pablo Picasso sorprendió al mundo con su anuncio de que se unía al Partido Comunista francés. Su alistamiento en la causa era un golpe increíble para Moscú, una movida que dividió a los expertos en arte y política para siempre. Algunos cínicos dudaron de sus convicciones y alegaron que era sólo un mero exponente de las visiones de moda expuestas en los círculos intelectuales de izquierda en los que él se movía. Otros supusieron que su arte nunca recobraría su vieja gloria, mientras el hombre se encontraba enredado en la cada vez más amarga batalla de propaganda de la Guerra Fría.

Ahora, el público tendrá la oportunidad de hacerse su propia opinión sobre el prolongado Período Rojo de Picasso como miembro del Partido Comunista, una relación que sobrevivió al levantamiento húngaro y la Primavera de Praga, y que el artista mantuvo con fidelidad hasta su muerte en 1973. Una gran exhibición que incluye más de 150 trabajos del pintor español abrirá el año próximo en la Tate de Liverpool, en un intento de arrojar nueva luz en un capítulo controvertido de una carrera extraordinariamente productiva. Entre las estrellas de la muestra estará su monumental The Charnel House, que no ha sido vista en Inglaterra en más de medio siglo, inspirada en las imágenes de campos de concentración liberados. La exhibición, montada en colaboración con el museo Albertina de Viena, presentará La violación de las sabinas, recreación del célebre Rapto de las Sabinas creada en el pico de la crisis de los misiles cubanos en 1962. En la muestra también habrá ejemplos y bocetos de la paloma de la paz que se convertiría en el instantáneamente reconocible símbolo del movimiento mundial por la paz.

Picasso: Peace and Freedom (Picasso: Paz y Libertad), que sucede a la exitosa exhibición de 2008 sobre Gustav Klimt, es el resultado de años de planeamiento y una exhaustiva investigación que llevó a los expertos al Picasso Institute en París, donde se conserva buena parte de la correspondencia del artista. Christoph Grunenberg, director de la Tate Liverpool, tiene la esperanza de que a partir de esta muestra el público pueda tener una apreciación más sutil del artista en los años posteriores a 1945. “Es mirar a Picasso durante la Guerra Fría, alejarse de su mito como genio creativo y playboy con un compulsivo talento expresivo, para tener una visión con más matices”, señala el director. “La gente ha tratado de desmerecer su compromiso político, pero él fue miembro activo y completo del partido, y estaba claramente involucrado en el movimiento pacifista”, agrega.

Una de las cosas que resultaba curiosa de la asociación entre Picasso y los comunistas era que el partido adoptaba oficialmente la escuela de realismo social, en oposición oficial al movimiento moderno del cual el “decadente” Picasso era quizá el mayor exponente. Pero su largo exilio de la España natal por su oposición al régimen del general Franco, combinado con las brutales experiencias de la vida durante la ocupación nazi de París, llevaron a que viera al comunismo como un ideal de paz y la llave para un mundo libre de fascismo. En el momento, su decisión desató toda una serie de consecuencias. Hubo protestas de grupos de derecha en sus exhibiciones y se le prohibió la entrada a Estados Unidos. Pero el artista comenzó a viajar por todo el mundo, presentándose en conferencias públicas por primera vez y realizando donaciones a causas varias, incluyendo el regalo de un millón de francos a los mineros de carbón franceses en huelga. Se unió a protestas contra la Guerra de Corea y la ejecución de Nikos Beloyannis, comunista griego y líder de la resistencia.


Picasso recibió el Premio Stalin de la Paz y el Premio Mundial de la Paz, que compartió con el cantante estadounidense Paul Robeson y el poeta chileno Pablo Neruda, aunque luego declinó recibir la Legión de Honor francesa. En 1953, tras la muerte de Stalin, el estilizado retrato que Picasso hizo del joven dictador abrió una grieta con los comunistas franceses, que objetaron su falta de realismo. Los acontecimientos en Hungría enfriaron aún más la relación, pero Picasso, a pesar de sus crecientes reservas, no abandonó el partido y prefirió expresarse a través de la prodigiosa producción que caracterizó las últimas décadas de su vida. Por supuesto, no todos compraron la idea del artista como figura central de la izquierda. Salvador Dalí hizo un comentario famoso: “Picasso es pintor, yo también; Picasso es español, yo también; Picasso es comunista, yo tampoco”. Grunenberg cree que es una visión injusta, y que la caída del Muro de Berlín provocó un cambio sísmico en la apreciación de sus últimos trabajos. “Eso ya no tiene vigencia. Hay muchas piezas fantásticas que serán parte de la exhibición: Picasso siguió reinventándose a sí mismo y comenzando nuevos temas. Son trabajos maravillosos”, dice.

LA BARBARIE DIBUJADA - Diario La República



Mientras el retablista y antropólogo Edilberto Jiménez escuchaba los desgarradores testimonios de los pobladores afectados por el terrorismo en este distrito ayacuchano, hacía sus primeros trazos con lápiz y papel. Ahora que acaba de reeditar “Chungui: violencia y trazos de memoria” (IEP), un libro que humedece los ojos, es tiempo de recordar el horror vivido en esta comunidad.

Adiós pueblo de Chungui perlaschallay
A conquistar bases de apoyo perlaschallay
Por los campesinos pobres perlaschallay
(Canto subversivo adolescente, 1984).
Por Ghiovani Hinojosa
El llanto infantil no tuvo aquí nada de tierno. Nada de reclamo ni de majadería. El llanto de los niños en este enclave de la puna ayacuchana los llevó a la muerte. Los senderistas, que habían obligado a los pobladores de Chungui a seguirlos en su retirada por los montes, reprimían con crueldad el más leve sonido que saliera de boca de los menores. Patrullas del Ejército los acechaban. “Cuando venían los militares, los niños tenían que estar calladitos. Pero a veces el hambre y la sed los hacían llorar. Por eso los senderistas ordenaron matar a todos los niños en Huertahuaycco (1985). A las mujeres les obligaron a matar a sus hijos y también ellos mismos los mataron ahorcándolos con soguillas y también con sus manos les aplastaron sus cuellitos”, es la atroz revelación de un chunguino.
Ahora que Sendero Luminoso es una fuerza marginal que sobrevive gracias al narotráfico, es posible descubrir los episodios más siniestros de la violencia que este movimiento desató en el país hace 25 años. Como el de este desborde de sangre registrado en el distrito ayacuchano de Chungui, donde, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el conflicto armado interno alcanzó sus cuotas más altas de muerte. Se estima que allí murieron 1,384 peruanos entre 1983 y 1994. Este lugar extraviado en la periferia de la provincia de La Mar fue uno de los que derramaron más sangre (y lágrimas) en medio del silencio gélido del monte: el 17% de su población cayó abatida a manos de terroristas, ronderos, militares y policías.
“Si la violencia hubiera azotado con la misma intensidad la capital, en Lima hubieran desaparecido por completo los distritos de La Molina, Miraflores, San Isidro, Surco, Surquillo, Villa María del Triunfo y Villa El Salvador”, compara el antropólogo Carlos Iván Degregori, tal vez con el afán de zamaquear las conciencias capitalinas más aletargadas. La inefable crueldad de las matanzas, la deshumanización generalizada de sus protagonistas y el salvaje despojo de valores sociales tan sensibles como el nombre de las comunidades, hicieron de este un pequeño infierno en plena sierra peruana.
Oreja de Perro
Como la región Ayacucho –vista en el mapa– tiene la forma de un can echado de costado, y como La Mar parece la parte posterior de la cabeza de este animal, Chungui naturalmente viene a ser la Oreja de Perro. Con esta singular denominación bautizaron a esta zona los miembros de las Fuerzas Armadas que llegaron desde 1983 para colaborar con los “sinchis” o policías especializados en la lucha contrasubversiva. Ya entonces este pueblo estaba encaminado a ser parte del “nuevo Estado” senderista bajo la dirección de los camaradas “Franco” y “Eduardo”, quienes desde principios de la década se habían infiltrado a través de la frontera con Apurímac.
En esos primeros años, los partidarios de Abimael Guzmán habían captado la simpatía de algunos chunguinos, tras promover la educación escolar para sus hijos, un derecho que los hacendados les habían negado una y otra vez. Según algunos testimonios, el colegio Túpac Amaru II, uno de los primeros en aparecer en el distrito, fue abierto por estudiantes de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, que solía recibir las visitas de Osmán Morote. Este llegaba con literatura maoísta bajo los brazos. Poco después empezó la sangría. El siguiente paso fue revocar y asesinar a las autoridades locales, y “limpiar al Nuevo Estado de los ladrones, brujas, adúlteros, abusivos y terratenientes”, según relató un poblador el 2004.
Durante este proceso, Sendero no solo mató a campesinos por no compartir sus ideas o por colaborar supuestamente con el Ejército, sino también por razones insólitas. “En Putucunay asesinaron a Serafina Lima ‘por estar pensativa y triste’. En otros pueblos, campesinos de ambos sexos corrieron la misma suerte ‘por haber venido de Lima’, ‘por ir a cosechar papas’ y ‘por ser mujeres divertidas con los casados’”, recuerda Degregori. Lo peor de todo llegó cuando los terroristas se sintieron acorralados por los policías y por los militares, y obligaron a los chunguinos a correr con ellos a la puna.
“Éramos como venados”
Las “retiradas” empezaron en el verano de 1984 –el año más crítico, ya que se cometieron 91 asesinatos y 32 masacres o matanzas simultáneas de grupos de cinco a más personas–. Los senderistas organizaron repliegues masivos a las zonas más altas del distrito. Allí se refugiaron en condiciones inhumanas e inclementes. “Nos obligaron a vivir ocultos como animales en el monte, con hambre, sed y muertos de frío (…) Junto a nuestros hijos, cargamos lo poco que pudimos: algunas frazaditas, pellejos, ollitas y maicitos. Ante cualquier ruido quedábamos en silencio y cuando llegaban helicópteros corríamos a ocultarnos, éramos como venados; así era la vida”, narró un sobreviviente de la zona de Belén Chapi.
Sin proponérselo y en medio de confusiones, sangre y rencor, todos los habitantes de Chungui eran senderistas para las fuerzas del orden. Tal fue el temor de ser divisados por las patrullas del Ejército que los jefes senderistas no solo ordenaron la matanza de perros, gallinas y cuyes –para garantizar el silencio–, sino que actuaron con una insensibilidad aterradora frente a los niños cautivos. La estrategia oficial para reconquistar a la población se nutrió, en la práctica, de las mismas técnicas de sometimiento, torturas, vejámenes y asesinatos ejecutados por los subversivos. Una pobladora relató que en 1984 los militares capturaron a su esposo, quien era acusado de senderista, lo colgaron de un árbol y dijeron: “No deben llorar, el que llora es un terrorista y debe morir. A la mala hierba se le debe matar, esa es la ley, matar y matar”. Incluso, se sabe que los Comités de Autodefensa, integrados por los propios chunguinos y por elementos de la Policía y el Ejército, también actuaron muchas veces inmersos en este contexto generalizado de impiedad.
¿Y la estrella?
En las elecciones de 1985, ocurrió en Chungui algo inédito en la historia del Perú contemporáneo: “el 99.5% de asistentes a las urnas dio el 100% de votos a los candidatos del APRA”, detalla el antropólogo ayacuchano Carlos Iván Degregori. Solo siete pobladores de todo el universo electoral (1473) no fueron a votar. Si bien se conoció luego que muchos ayacuchanos fueron presionados a elegir esta opción política por los militares, también es cierto que buena de parte de ellos depositaron su confianza en el partido que hoy gobierna el país.
Desgraciadamente, en este distrito persisten las condiciones que posibilitaron la violencia hace poco más de 25 años: según el Mapa de la Pobreza de Foncodes (2006), el 100% de pobladores no tiene electricidad, el 93% carece de agua potable, la desnutrición alcanza al 55% y el analfabetismo femenino afecta al 34% de la población. Ojalá que la barbarie dibujada por Edilberto Jiménez remueva conciencias, despierte sensibilidades y, sobre todo, ponga las manos a trabajar.
Arte comprometido
Edilberto Jiménez fue promotor de comunicación y cultura del Centro de Desarrollo Agropecuario en la zona de Chungui en el periodo posguerra interna. Colaboró con la Comisión de la Verdad y Reconciliación suministrando los testimonios que recopiló y localizando algunas fosas comunes. En los últimos años ha participado en una investigación similar referida a la matanza de Lucanamarca, en 1983. Este viernes 21, dirigirá un conversatorio sobre Chungui, a las 6 pm, en el local del Instituto de Estudios Peruanos (Horacio Urteaga 694, Jesús María). Ingreso libre.