lunes, 18 de agosto de 2008

Acual relación entre Cuba y Rusia



Las declaraciones del Primer Ministro, Vladimir Putin, respecto a que el país volvería a tener una presencia estratégica en Cuba y no sólo económica -como hasta ahora había dicho el Presidente Medvedev-, plantea la cuestión de en qué medida el factor militar puede volver a formar parte de la relación bilateral entre los dos países, lo que sin lugar a dudas preocupa a Washington.

Ante todo, resulta necesario señalar que a los EEUU puede preocuparles tanto una presencia militar rusa en Cuba, como en este momento puede inquietar a Moscú el despliegue del escudo antimisiles en Polonia y República Checa.

En la óptica rusa, dicho escudo sólo puede tener como hipótesis, neutralizar misiles eventualmente lanzados desde Rusia hacia países de la OTAN. A su vez, para la perspectiva norteamericana, una presencia militar rusa en Cuba, que incluyera misiles y bombarderos estratégicos, sólo se justificaría ante la hipótesis de un conflicto con los EEUU y no con México, Brasil, Colombia o Venezuela.

La realidad es que Rusia es la gran potencia euroasiática, cuyo territorio e intereses se despliegan en el hemisferio norte desde el Atlántico hasta el Pacífico, con Europa y Asia como ámbito geográfico de sus intereses vitales.

China a su vez, es una gran potencia asiática, pero sin intereses en Europa y sin salida al Atlántico, pero proyecta un interés cada vez más relevante por África, lo que no se da en el caso de Rusia.

América Latina no tiene prioridad estratégica para ninguna de las dos potencias, en la que sin lugar a dudas la hegemonía es de los EEUU, cuyos intereses se despliegan, en el hemisferio norte del Atlántico al Pacífico.

Pero además tiene intereses estratégicos globales, como lo evidencian el despliegue mundial de sus flotas y ejércitos.

América Latina es la región del mundo de menor prioridad estratégica para China, pese a lo cual ella tiene un interés comercial creciente, como gran importador mundial de recursos naturales. También la región es la de menor prioridad estratégica para Rusia, pero está adquiriendo cierta influencia en lo estratégico militar como exportador de armamentos y de tecnología militar, no sólo a Venezuela sino también a otros países de la región, incluida Colombia.

Ni Rusia ni China pretenden disputar a Washington su liderazgo en América Latina.

Pero en la medida que los EEUU, como potencia global, limite la proyección de China, con sus bases militares en Japón y Corea del Sur y su garantía de seguridad a Taiwán y la de Rusia, con su presencia militar en Europa Central y Oriental y en las ex repúblicas soviéticas de Asia Central, existirían ciertos desacuerdos, que de acuerdo a las circunstancias pueden escalar o no.

En este contexto, si Rusia reestableciera cierto grado de presencia militar en Cuba, no estaríamos frente a un retorno a la llamada guerra fría, sino más bien frente a una partida de ajedrez, por la cual Moscú busca explicar con los argumentos de la realidad, por qué le molesta el despliegue del escudo antimisiles en Europa Central.

Más que a la guerra fría, la pugna entre Rusia y los EEUU o entre este país y China en el tablero mundial, se asemeja ha llamado gran juego en función del cual, en el siglo XIX, el Imperio Ruso y la Corona Británica movían sus piezas disputando su influencia en el Asia Central, en la cual el control de Afganistán jugaba un rol determinante.

De acuerdo a ello, una eventual presencia militar rusa en Cuba, es una señal hacia los EEUU, que se referencia al escudo de misiles. Moscú está diciendo: a nosotros nos preocupa tanto su escudo antimisiles en Polonia y República Checa, como a ustedes les puede preocupar que vuelvan misiles y bombarderos rusos a Cuba.

Muchas cosas han cambiado desde la guerra fría. Si bien la diplomacia de los EEUU no siempre tiene la astucia de poder comprender qué es lo que molesta o no de sus propias acciones a otras naciones, también es cierto que el Jefe del Pentágono, Robert Gates, acaba de presentar un documento sobre la futura política de defensa de su país, proponiendo que las buenas relaciones con Moscú y con Pekín deben ser centrales, no sólo por la importancia creciente de estos países, sino también porque tienen más intereses comunes que divergencias.

A su vez, la Rusia de hoy está más interesada en el equilibrio y la estabilidad mundial, que en el conflicto y la incertidumbre.

Es por ello que Cuba es, en la relación bilateral entre Rusia y EEUU, la movida de una pieza en el juego de ajedrez y no el inicio de un conflicto que ponga al mundo al borde de una tercera guerra mundial, como sucedió con los misiles soviéticos en la isla a comienzos de los años sesenta.

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